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  • Desde Washington, donde ayer asistían a la Conferencia de Acción Conservadora -un evento periódico en el que el “trumpismo doctrinario” congrega a sus seguidores locales y a sus adeptos y discípulos de la escena mundial- Javier Milei, su hermana Karina, el spin doctor Santiago Caputo (el “triángulo de hierro” del gobierno) y también el vocero presidencial, Manuel Adorni, siguieron examinando minuciosamente las repercusiones del llamado criptogate y evaluando sus posibles consecuencias políticas y judiciales.
Javier Milei, Presidente de la Nación
Javier Milei, Presidente de la Nación

Los ecos del escándalo que irrumpió diez días atrás no se registran solo en Argentina: la prensa más influyente del mundo (desde The Economist al New York Times o el Wall Street Journal han informado sobre “el bochorno” y “el revés cripto” del Presidente argentino. La SEC (Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos) creó, mientras Milei estaba en aquel país, una unidad destinada a prevenir los fraudes con criptomonedas.


Enredado

Fue al atardecer del viernes 14 de febrero cuando el gobierno ingresó de improviso en este tramo nebuloso de su gestión. A las 19.04 de ese día, el Presidente instaló un mensaje personal en sus ajetreadas redes sociales en el que promovía (difundía y respaldaba) un empredimiento privado: el lanzamiento de una criptomoneda enominada $Libra que, según el primer mandatario, contribuiría al “crecimiento de la economía argentina” y al financiamiento de pequeñas y medianas empresas.

Subrayando su aval, fijó el posteo en su cuenta del sitio X, ex Twitter, es decir elevó su jerarquía y le dio permanencia en la red a la cabeza de su cuenta.

La historia ya es conocida por todo el mundo (los estudios de opinión pública registran que 9 de cada 10 argentinos están informados del tema). Cuando Milei fijó su mensaje (en paralelo con el mandamiento de $Libra) la cotización de la moneda era cercana a cero, pero vertiginosamente empezó a elevarse hasta alcanzar más de 5 dólares de precio, a partir de lo cual se desplomó, en lo que ha sido interpretado como una sospechosa inmediata toma de ganancias por parte de los organizadores y de quienes habían contado con información privilegiada para asociarse a la operación. Un enriquecimiento velocísimo al que muchos califican con adjetivos más enfáticos.

El aparentemente errático comportamiento de la criptomoneda naturalmente suscitó críticas y sospechas. En rigor, también habían generado esas reacciones, anticipadamente, los nombres de sus principales promotores, mal afamados en los círculos serios de las empresas cripto, un ecosistema que custodia la conducta y las performances de sus agentes para preservar responsablemente una tecnología de gran potencialidad.

Lo cierto es que, unas cuatro horas después de lanzar su mensaje promocional, ante el escándalo generado por el dudoso derrumbe de la moneda $Libra, el Presidente eliminó su posteo y argumentó esa decisión por el mismo medio confesando que había “apoyado un supuesto emprendimiento privado” sobre cuyos pormenores “no estaba interiorizado”.

Milei se sintió forzado a aclarar que “obviamente” no tenía vinculación alguna con el proyecto. Es que a esa hora ya se hablaba de “estafa digital” y voceros de la oposición involucraban al gobierno es la operación. A partir del día siguiente los opositores más belicosos reclamarían inclusive un “juicio político”.

La oposición más contemplativa requería una ”investigación a fondo”, algunos aconsejaban “sacrificar algún fusible” en el entorno presidencial para preservar a Milei y Mauricio Macri, evocando implícitamente que su partido es la pared política que defendió al Presidente en circunstancias difíciles, definía la circunstancia como “delicada” porque “hemos visto un presidente descuidado y mal rodeado”. El jefe del Pro apuntaba contra el entorno presidencial y de pasao se apalancaba en las dificultades del gobierno para mantener a raya a la fracción de su partido que más coquetea con el oficialismo.

Fenómeno barrial

Lo más notable es que el gobierno atravesó varios días sin capacidad de respuesta. Irónicamente, se encontraba a la defensiva a pocos días de conocerse un nuevo descenso de la tasa de inflación y cuando parecían entrar en zona de definiciones las tratativas con el FMI para un acuerdo que puede aliviar la situación de las reservas (que siguen en la banda negativa). El oficialismo perdía terreno inclusive en un espacio donde juega cómodo: las redes sociales y la comunicación.

La prensa amplifica naturalmente esos efectos: recoge testimonios de especialistas y de algunos de los actores de la escena cripto, entre ellos el propio creador de la moneda $Libra, que lanza acusaciones contra colaboradores del Presidente mientras trascienden chats en los que se ese personaje se ufana de “manejar” a Milei.

La onda expansiva de la caída de la moneda que Milei difundió dejaba víctimas en distintas partes del mundo y, en principio, los domiciliados en Estados Unidos iniciaron acciones judiciales en ese país y reclamaron investigación del FBI. Para bien o para mal, Milei comprueba que no es un fenómeno barrial en ningún sentido.

Micrófonos y pararrayos

Como para salir del instante de inercia, la cúpula del gobierno imaginó dos movimientos: el Presidente daría su versión del episodio por televisión, entrevistado por un micrófono “del palo” y simultáneamente, Santiago Caputo, aparecería como pararrayos, de modo de que se desviaran hacia él los ataques que apuntaban contra alguno de los otros dos lados Milei –Javier o Karina- del ”triángulo de hierro”.

Ninguna de esas operaciones concluyó como se había programado. La entrevista ofrecida a Jony Viale terminó sumando ruido y agregando a los temas en danza el de la manipulación de la prensa. En cuanto a la instalación del pararrayos, aunque varios miembros de la cúpula se sumaron diligentemente a la idea de convertir a Caputo en el fusible que reclamaba la oposición, Milei frenó ese procedimiento decidido a pelear con las botas puestas y sin hacer concesiones a ninguno de sus adversarios.

A falta de mejores armas, el instrumento preferido del oficialismo fue aprovechar la sobreactuación kirchnerista con sus pedidos de juicio político y contraatacar enumerando defectos del pasado cristinista. Tácticas pavlovianas que el uso constante devalúa.

El ingreso a la zona neblinosa tiene sus explicaciones: Enredado en su activismo digital, que ya le había provocado otros disgustos, esta vez Milei ingresó atrevidamente en una zona riesgosa y se “comió un cachetazo”, como él mismo dijo.

Rayón en la carrocería

Ese cachetazo tiene algunos efectos inmediatos y se verá si no tiene aún otras consecuencias de mayor calado.

Quedó hasta cierto punto erosionada la credibilidad de un Presidente que se ufana presentándose como un especialista invicto. En este tema dio consejos que provocaron perjuicios a terceros sobre una materia de la que. según confesó, “no estaba interiorizado”. Esa materia que ignoraba, para peor, forma parte de las disciplinas en las que se le acredita conocimiento y dominio y hasta la pretensión de merecer un Premio Nobel. El episodio implica, por lo menos, un rayón en la carrocería.

Además, al argumentar que necesita “elevar la muralla” que lo defiende de relaciones tóxicas, Milei parece admitir que las barreras actuales no son sido eficientes y afloja así involuntariamente las defensas de Karina, su hada protectora, que es un blanco clavado de las ofensivas contra su equipo. No solo las de Mauricio Macri.

Por otra parte, la necesidad de amurallarse mejor supone una admisión tácita de que en este asunto él ha estado demasiado cerca de elementos dañinos (sobre quienes, sin embargo, inusual en él, no ha lanzado ninguna acusación pública ni agresión).

Esta semana, en La Nación, Juan Carlos De Pablo aconsejaba tomar distancia de la inmediatez. Este incidente atrae todas las miradas probablemente porque por primera vez en este año largo de mileísmo, el gobierno sintió un impacto y deambuló groggy por un momento. Pero, como apunta De Pablo, “ni estábamos tan bien hasta el jueves pasado, como ahora decimos; ni estamos tan mal ahora, como algunos afirman”.

Atendiendo a Trump

Aunque no consiguió desplazar la repercusión pública del criptogate. el gobierno cruzó guantes en el Senado esta semana con bastante éxito. Pese a la reticencia kirchneerista consiguió el jueves que se aprobara la suspensión de las elecciones primarias. No pudo, en cambio, garantizar el tratamiento de la designación de Ariel Lijo para la Corte Suprema. Ambos temas, un punto a favor, otro en contra, le venían bien al oficialismo para intentar cambiar de tema.

Por estos días, discretamente, Victoria Villarruel ha estado a cargo de la Presidencia de la Nación, ausente por lo tanto de la conducción del Senado. Milei, en Washington, sin descuidar la escena doméstica y más allá de las fotos ocasionales con Elon Musk, jugaba rounds muy importantes. Gana o pierde puntos según cuál sea el trato que el Presidente reciba de Donald Trump. Milei trató de agradar a su colega estadounidense y declaró que se sumará a su política de reciprocidad comercial. Si tiene una entrevista digna de ese nombre (más allá de la foto de ocasión) ¿se animará a pedirle que no castigue con aranceles al acero y el aluminio argentinos? De lo contrario, ¿aplicará la reciprocidad sobre productos estadounidenses? En fin, ¿conseguirá el deseado apoyo de Trump para aflojar la bolsa del FMI y eludir sus condicionalidades?

Una vez de regreso, tendrá otros asuntos para ocuparse: debe preparar su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. ¿Desafiará nuevamente a “la casta” o rectificará su conducta de un año atrás? ¿Se habrán amortiguado para entonces los ecos del criptogate?

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