Hoy, en momentos en que la economía está sometida a fortísimas tensiones a causa de las duras medidas adoptadas por el gobierno nacional y con las que espera superar el desastre heredado del gobierno anterior, cuando atravesamos una aguda crisis de convivencia que se manifiesta a diario en un enfrentamiento ideológico exacerbado, cuando las tensiones políticas entre el centro y la perfieria se agravan a diario y asistimos a una muy preocupante caída de los niveles de bienestar de vastos sectores de la población, nuestra atención está centrada sin embargo en un escándalo con tintes de telenovela que ha colocado en un segundo plano a todos los problemas anteriores.
Es deber de quienes se sienten comprometidos con una comunicación responsable y constructiva tratar este tipo de asuntos con rigor y objetividad, pero al mismo tiempo con calma y con respeto hacia sus protagonistas, evitando caer en la vulgaridad y en las condenas mediáticas sumarísimas, y, sobre todo, mostrando una voluntad consistente de no escatimar esfuerzos porque la polémica no escale hasta el punto de colocar en un segundo plano a los problemas más graves que afronta el país.