Entre los pasajes que más me han conmovido de esta magnífica pieza reflexiva figura, al tope de la lista, esa partecita cargada de moral cristiana que dice: «Las repudiables acciones que tomaron estado público dan fuerza, inevitablemente, a la percepción de que la mentira, la hipocresía, el cinismo y la violencia son inescindibles de la actividad política».
Por supuesto, he hallado más de un millar de nombres (algunos de ellos muy conocidos). Pero revisando prolijamente el prontuario de los agraciados, he reparado en que uno en particular atesora prácticamente todas las cualidades «inescindibles» enumeradas.
Inescindible es, por ejemplo, desfogarse ante un auditorio de personas cultas y proclamar a los cuatro vientos que la violencia de género forma parte del «acervo cultural» de los salteños, como si en vez de ser una lacra y una desgracia mayúscula, esto de machacar a las mujeres a palos sea una de nuestras tradiciones más valiosas (ver la definición del Diccionario para la voz «acervo»).
Inescindible también es decretar solemnemente en toda la Provincia el estado de emergencia pública en materia social por violencia de género y comprobar que durante su vigencia las salteñas han estado más desprotegidas y amenazadas que nunca, lo que fácilmente se deduce de la contabilidad de denuncias y condenas desde 2014 hasta la fecha, cuando no del número de muertas a manos de sus parejas o exparejas.
Inescindible es la solitaria tumba de la infortunada Andrea Neri, jovencita muerta a fierrazos en enero de 2017 en el interior de una celda de la cárcel de Villa Las Rosas (un recinto estatal), a manos de un recluso que estaba preso, precisamente, por haber matado a su anterior mujer en circunstancias similares.
Inescindible, por supuesto, es la flemática reacción del gobierno de entonces y, en especial, la de la ministra encargada de vigilar las cárceles, una mujer a la que no le importó el infortunio de una jovencita humilde e ingenua.
Inescindibles son los cadáveres deshechos de Cassandre Bouvier y Houria Moumni, cuya violación, tortura y asesinato nunca fue considerado violencia contra la mujer, por un gobierno que se puso de perfil y trató a los familiares de las víctimas extranjeras con una frialdad digna de una novela de Bram Stoker. Inescindible es el tipo que a menos de seis horas de que los cuerpos fueran hallados en la Quebrada de San Lorenzo dijo aquello de: «En Salta no pasan estas cosas».
Inescindibles son también los frágiles cuerpos de Luján Peñalva y Yanina Nuesch, que aparecieron colgando de un árbol y unidas por el cuello con una misma soga, apenas unas horas antes que el gobierno -sin preocuparse en absoluto por saber si contra ellas se ha ejercido violencia de género, sin esperar la opinión de los expertos y anticipándose a cualquier decisión de los jueces- salió a confirmar que se trató de un doble suicidio.
Inescindible es el recurso de apelación que la Fiscal de Estado de entonces, siguiendo instrucciones de su jefe directo, interpuso contra la sentencia de segunda instancia que condenó al Estado salteño a pagar una indemnización a la joven Vanina Yapura Alderete, cuyo padre mató salvajemente a su madre y a sus hermanos pequeños, gracias a que la Policía no hizo bien su trabajo.
Técnicamente, el cinismo es la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. Es por esta razón que me pregunto y me seguiré preguntando ¿quién es aquí el cínico?