Mucho antes de que esta frase sirviera para justificar mi ejercicio libre de la opinión (una actividad con la que inevitable e involuntariamente se puede llegar a molestar, incomodar o, incluso, a ofender a alguna gente) ya tenía bastante clara la diferencia entre la «honestidad» en castellano y la «honestidad» en inglés.
Temprano me di cuenta de que la palabra «honestidad» en inglés no se refiere exactamente -como en castellano- a la rectitud de ánimo o a la integridad en el obrar, sino que alude a la cualidad de aquel que está libre de engaños, que es veraz y sincero.
Aquella canción se convirtió en algo muy importante en mi vida, porque aunque Billy Joel hablaba en ella de la veracidad (truthfulness) como algo muy difícil de obtener en las relaciones sentimentales, cuando su ilustre autor se decidió a incluir en la letra aquel verso que dice «everyone is so untrue» (todos son tan falsos), de lo que se lamentaba con amargura era seguramente de la ausencia de «honestidad» en todos los aspectos de las relaciones humanas. Aprendí entonces que la verdad no hace amigos pero permite dormir bien a quienes la cultivan y evita que nos quedemos atrapados en el laberinto de la mentira.
De los efectos brutales de la verdad es buen ejemplo el episodio The Truth de la serie Seinfeld (Season 3 Episode 2) en el que el personaje de George Costanza envía involuntariamente a una clínica psiquiátrica a una novia suya después de haberle dicho -supuestamente- «la verdad».
Años después, cuando al autor de Honesty le preguntaron por la letra de aquella canción y por su significado, contó que, como siempre a lo largo de su obra, compuso primero la música y solo al final se puso a escribir la letra. Mientras la ensayaba sin tener todavía letra, su baterista de entonces, Liberty DeVitto, la cantaba con un estribillo que comenzaba diciendo «Sodomy, is such a lonely word...».
Nuestros políticos quieren quedar bien con todo el mundo y no ofender a nadie. Es decir, no son «honestos», lo cual no quiere decir sin más que sean venales, corruptos, ladrones, etc. Puede que lo sean (algunos tienen todas las papeletas compradas para serlo), pero de esas cosas quienes se tienen que ocupar son los fiscales penales, no yo.
La vida de Billy Joel (que afortunadamente sigue dando conciertos y llenando a reventar todos los meses el Madison Square Garden) y la de Thomas Paine no se parecen mucho en realidad, pero se han combinado secretamente en el interior profundo de un coya sórdido como el que esta líneas suscribe: el primero me ha hecho amigo íntimo de la verdad y el segundo perpetúa mi idilio con la libertad.
Revolucionario en tres países
Muchos ven a Thomas Paine como una figura clave en la difusión de las primeras ideas relacionadas con las responsabilidades del Estado en materia de bienestar y provisión de educación. Su Age of Reason fue un texto deísta popular que influyó durante la mayor parte del siglo XIX.A lo largo de su vida, Paine fue intensamente vilipendiado y a menudo considerado indigno de una consideración seria. Se le criticaba, como a muchos otros, su falta de profundidad intelectual y sus contradicciones; sin embargo, muchas de sus ideas todavía despiertan gran interés y entusiasmo en lectores de todo el mundo.
Aunque había nacido cerca de Norfolk, en Inglaterra, con la ayuda de Benjamin Franklin, Paine emigró siendo un niño a las colonias americanas, a donde llegó justo a tiempo para participar en la revolución. Muchos consideran todavía que su panfleto Common Sense, de 47 páginas, fue el que obró como catalizador para el llamado a la independencia de las colonias de Gran Bretaña. Aquel escrito tuvo tal repercusión, que prácticamente todos los patriotas norteamericanos de la época lo leyeron, como hicieron luego con American Crisis, una serie de panfletos proindependencia, también salidos de la pluma de Paine.
El gobierno británico de William Pitt, el joven, preocupado por la posibilidad de que las ideas de la Revolución Francesa se esparcieran por las islas, había comenzado a suprimir obras que abrazaban filosofías radicales. En Rights of Man, Paine defendía abiertamente el derecho del pueblo a derrocar a su gobierno y, por lo tanto, el escritor fue objeto de una orden de arresto emitida en Londres a principios de 1792.
Paine huyó a Francia en septiembre de aquel año y, a pesar de que no hablaba francés, rápidamente fue elegido miembro de la convención nacional francesa y brilló en ella. Los girondinos lo consideraban un aliado, razón por la cual los montañeses -con Maximilian Robespierre a la cabeza- lo consideraron un enemigo. En diciembre de 1793 Paine es arrestado y llevado a la prisión de Luxemburgo en París. Mientras estuvo en prisión, continuó trabajando en The Age of Reason (1793–1794), otra obra singularmente influyente. Fue James Monroe quien utilizó sus conexiones diplomáticas para liberar a Paine en noviembre de 1794.
Ocho años más tarde, volvió a los Estados Unidos, para morir el 8 de junio de 1809 en el Greenwich Village de Nueva York, corazón bohemio del bajo Manhattan que, curiosamente, se encuentra a solo 11 minutos en coche de la esquina que forman la 7ª avenida y la calle 52, lugar en el que, a finales de los años 70 del siglo pasado, funcionaban los estudios de A&R Recording, en donde Billy Joel grabó su inmortal «Honesty».