Cada día era una lucha por sobrevivir en condiciones insoportables. Los prisioneros vivían en primitivas barracas que no tenían ventanas ni estaban aisladas del calor ni del frío. No había baño; solamente había un balde. En cada barraca había unas 36 literas de madera y los prisioneros dormían de a cinco o seis en forma transversal en la plancha de madera. Una sola barraca albergaba quinientos prisioneros.
Constantemente se les mentía de la forma más inhumana, cuando llegaban se les pedía que coloquen sus nombres en las pertenencias que le quitaban, con la promesa de que luego se les devolvería. Se les marcaba como animales con un tatuaje en el brazo con la promesa de que esos números luego serían para recompensarlos con una bella casa, y por supuesto, a la gran mayoría, cuando llegaban, con la promesa de una reconfortante ducha se los asesinaba en las cámaras de gas.
Durante su breve existencia, casi un millón de judíos fueron asesinados en Auschwitz. Entre otras víctimas, también murieron entre 70.000 y 74.000 polacos resistentes, 21.000 romaníes (gitanos) y unos 15.000 prisioneros de guerra soviéticos.
Auschwitz es un monumento para el mundo entero, para los incrédulos, para los negacionistas, para los fanáticos y para cualquiera que necesite un ejemplo de la maldad que puede salir de las mentes y corazones más estúpidos.
Karl Kraus (crítico austriaco del nazismo) decía "El diablo es optimista si cree que puede ser más malo al hombre". Porque, en realidad, en algunos criminales habitan todos los demonios.
El mundo no está en peligro por las malas personas que son capaces de hacer estos horrores sino por aquellas que niegan que hayan existido. Hoy, la nación de Israel profiere la misma crueldad al pueblo palestino y genera un genocidio con el apoyo del imperio poder y ese mismo odio habita en los grupos radicalizados del Islam que pretenden hacer cosas peores con los israelitas.
Nuestro País vivió esta pesadilla también, y también lamentablemente existen personas que lo niegan, lo olvidan o peor... lo justifican.
Quien no entiende esta maldad, de alguna manera acepta que se siga haciendo.