Una pena que no se haya enterado a tiempo el candidato a Intendente Municipal de la ciudad de Salta, don Abel Cornejo, a quien le debe de haber costado una pequeña fortuna adquirir esa montaña de crocs que ha regalado en su visita proselitista al barrio 13 de Abril de la ciudad de Salta.
Con sus regalos de calzado barato, Cornejo también le hace un guiño al peronismo (por aquello de alpargatas sí, libros no). En vez de llevar diccionarios, manuales o novelas a sus potenciales votantes, el exjuez federal, exjuez de la Corte, exprocurador general, exministro (y pronto excandidato) lleva pelotas de fútbol. La razón es muy sencilla: los libros envejecen y sus páginas se vuelven amarillas con el tiempo; la pelota, en cambio, «no se mancha», como alguna vez dijo otro brillante filósofo ya desparecido.
En pleno siglo XXI el señor Cornejo, hombre de refinadas costumbres tecnológicas y de hábitos literarios excelsos, ha estructurado su campaña en base a regalos algo más sofisticados como el de motos o ventiladores, para aumentar la huella de carbono que él luego -si sale electo Intendente- deberá achicar a garrotazos. Por delante, siempre, la manipulación emocional de las personas pobres.
Es realmente un desperdicio cívico obligar a una persona que ha estudiado tanto y que tan buenos servicios ha prestado al Estado de Derecho a descender a las cloacas de la política, en las que el voto se amarra con dádivas, en bailantas en las que brillan los danzarines más insólitos.
En los viejos mítines peronistas apenas había luz para hacer funcionar un micrófono. Ahora, con tantos recursos para el marketing político (incluidos los panes dulces que el gobierno tiene para asistir a los pobres) es realmente curioso que un candidato al que no le falta poder de convicción se vea forzado a convertir sus actos barriales en auténticos bazares chinos.