Las buenas intenciones le han jugado una mala pasada al redactor del elogio fúnebre, haciéndole incurrir en una serie de imprecisiones (no demasiado importantes) pero que, bien aclaradas, permitirían recordar mejor al personaje fallecido.
Para el resto de la parroquia, el señor Herrera era «el pelao del Farito» que era, efectivamente, un apodo que rendía tributo al segundo en importancia de sus rasgos personales, detrás de sus penetrantes ojos de azul intenso.
El homenaje de El Tribuno dice también que el señor Herrera fue el «ideólogo» [sic] del «busto» [sic] del Cuchi Leguizamón que hoy se encuentra a poco metros de lo que fue El Farito y que inauguró el intendente Miguel Ángel Isa a finales de julio de 2015.
Lo cierto es que el nombre de «ideólogo» se reserva para quien crea, abraza o profesa una ideología, pero no se utiliza para llamar al autor de una idea. Ni siquiera al de una idea brillante.
Luego, la escultura en metal del Cuchi Leguizamón no es solo un «busto» sino una estatua de cuerpo entero. Probablemente, reducir la dimensión artística de la soberbia estatua (obra del escultor Alexander Guerra y del artesano del metal Hugo Quispe) no sea la mejor forma de recordar al Cuchi ni de homenajear a los creadores de su estatua.
Por estas razones, y por otras, hemos querido sumarnos al homenaje al señor Herrera, compartiendo con nuestros lectores una foto de sus comienzos como restaurador. La foto en cuestión fue tomada por un salteño inquieto que estrenaba su cámara fotográfica japonesa, aproximadamente en 1972.
En la foto aparece el señor Herrera (a la derecha), acompañado de un sobrio Martín Bejarano (el hombre de bigotes y chaqueta blanca que aparece al centro de la escena) y de un colaborador ocasional del primitivo Farito, que no hemos podido identificar.
En aquella época, Herrera había equipado su pequeña expendeduría de empanadas con una reluciente heladera Oro Azul, que mantenía las bebidas frías junto a la enigmática escalera caracol de color negro, que a alguna parte llevaría, pero que en 50 años de existencia los parroquianos nunca supieron la utilidad que tenía.
Nuestros respetos y condolencias a la familia del señor Herrera, para quienes ponemos a su disposición esta misma foto sin marca de agua.