A la audiencia de cesura presidida por la jueza señora María Gabriela González asistió, en nombre del MPFS la Fiscal Penal interina n.º 3 de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual de la ciudad de Salta, señora Celina Morales Torino.
Tras la lectura de la sentencia, se ordenó la inscripción del condenado en el registro provincial de condenados por delitos contra la integridad sexual, conforme a lo establecido por la ley provincial 7775.
Según la información oficial, la investigación se inició a partir de la denuncia formulada por una de las víctimas, quien relató que el acusado era amigo de su hermano y que, por un deseo expresado por este antes de morir, se convirtió en su padrino, lo que le permitió integrarse al ámbito familiar.
La mujer relató que los hechos comenzaron cuando tenía nueve años de edad y que se repitieron hasta sus 18. Señaló que el acusado aprovechaba la relación de confianza que mantenía con su familia para acceder con frecuencia a la vivienda e ingresar a su dormitorio y otros espacios de intimidad.
También manifestó que, tras la pérdida que había sufrido su familia, atravesaban una situación de especial vulnerabilidad. Expresó que no se animó a revelar lo que estaba ocurriendo debido al temor que le generaban las amenazas del acusado y a la preocupación por el estado de salud de sus padres. Solo cuando cumplió los 22 años pudo exteriorizar lo sucedido, luego de que su sobrina le contara experiencias similares con el mismo acusado. Señaló que, tras confrontarlo, decidió hacer la denuncia.
La otra víctima declaró en circuito cerrado de televisión y ratificó los abusos sufridos.
Durante el juicio declararon profesionales que intervinieron en las evaluaciones realizadas a las damnificadas, quienes señalaron que sus relatos no presentaban indicadores de mendacidad y resultaban compatibles con las secuelas habitualmente observadas en víctimas de delitos contra la integridad sexual.
Asimismo, prestaron declaración distintas personas del entorno de las víctimas, quienes refirieron que, con el paso del tiempo, observaron cambios en sus comportamiento y una disminución en su rendimiento escolar. También relataron que la adolescente les había manifestado temor de ir a la vivienda de sus abuelos, lugar que frecuentaba el acusado.