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  • El mal uso del lenguaje puede producir malos entendidos
  • Hace unos días, la prensa salteña publicó la noticia de un entrenador de fútbol que supuestamente agredió con la cabeza a una juez de línea mujer, diciendo que la había «violentado» en la nariz.
Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta
Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta

El verbo se repite en las noticias de hoy, atribuyendo una acción de estas características al Arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, de quien se dice que «violentó» a una monja carmelita descalza.



El empleo de este verbo en contextos como los descritos es manifiestamente incorrecto porque «violentar» no significa simplemente ejercer la violencia contra otra alguna cosa o alguna persona, sino que se necesita un elemento importante: la resistencia.

Si una persona pega a otra, simplemente ejerce violencia pero no «violenta» a la persona agredida, a menos, claro está, que esta persona oponga resistencia.

En el caso de la juez de línea brasileña, nada hace suponer que haya opuesto ninguna resistencia a su agresor. Este obró a placer.

Lo verdaderamente preocupante es que el Arzobispo de Salta haya realmente «violentado» a una monja, pues esto conduce a preguntarse no sólo qué resistencia opuso la monja y por qué; y fundamentalmente qué pretendía el prelado para que la monja pudiera considerarse «violentada».

Hace unos años el Papa Francisco golpeó violentamente en la mano a una mujer que detrás de una valla, lo sujetó con fuerza. Nadie dijo entonces que el Pontífice haya «violentado» a nadie. El asunto, además, pasó bastante desapercibido.

Cuando alguien se propone abrir una cerradura con algún objeto que no sea la llave correspondiente, si la cerradura no se deja, termina «violentándola». Con las personas sucede tres cuartos de lo mismo.





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