“Hemos visto ejemplos vergonzosos de dirigentes que se ponen una pechera a cinco cuadras de la Plaza y saltan como si hubieran caminado 200 km. El centro son el Señor y la Virgen y el esfuerzo se entiende desde la devoción”, ha dicho el sacerdote, para condenar, en términos muy gráficos, la exhibición mediática abusiva de quienes instrumentalizan la solidaridad y el respeto hacia los peregrinos.
Ya el año pasado para estas fechas, el mismo Ossola negaba que los políticos
«tuvieran alma», algo que preocupó a muchos que se preguntaron:
«Si no tengo alma no me voy a poder ir al infierno, ¡qué pena!».
Sin embargo, aunque ahora Ossola ha cargado incluso contra
«dirigentes eclesiales» que no ha identificado,
nada ha dicho de los curas (como su propio jefe), que desde hace algunos años vienen alentando la
peregrinofilia y el
pobrismo, por razones bastante alejadas de la espiritualidad de la fiesta.
Un político
fake que camina con los peregrinos es un pecador infame, pero si lo hace un cura —aunque sea en las últimas cuadras— su esfuerzo es manifestación de una sublime santidad.
¿No estaremos exagerando?