Lo primero es una norma de la Ortografía de la lengua española, que aclara que cuando el número no expresa un año en sí, sino una cantidad de años, es posible introducir un espacio fino (Hace 40 000 años), pero no el punto ni la coma.
En lo que respecta a los números que identifican a las viviendas en una calle, si bien no hay una norma expresa, durante décadas se han usado los números sin punto ni espacio. Aun en las placas metálicas que suelen colocarse en las fachadas.
A diferencia de lo que sucede con los años, que se pronuncian generalmente separando el millar, las centenas, las decenas y la unidad (por ejemplo mil novecientos setenta y ocho), los números de las calles, generalmente cuando cuentan con cuatro dígitos, suelen dividirse en dos segmentos (por ejemplo veintitrés cuarenta, en vez de dos mil trescientos cuarenta. O incluso cuando cuentan con tres (cuatro dieciocho por cuatrocientos dieciocho)
Por alguna razón los salteños hemos conocido el célebre cabaret de la calle Córdoba 1514 como el Quince Catorce y no como el mil quinientos catorce. Cualquier salteño que se refiera al Quince como el mil quinientos catorce se arriesga a ser tomado por estúpido o poco experimentado en cuestiones relacionadas con los pecados nocturnos.
Ponerle un punto al los números de las calles es casi igual de imperdonable.

