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  • La república fracturada
  • Si algún psicólogo me mostrara la foto que ilustra estas líneas (publicada por el gobierno de Salta en su página web) y me preguntara qué veo, respondería: «Veo una hilera de chicos salteños vestidos como para jugar al fútbol».
Los wichis son tan particulares, que uno de los jugadores tiene el corazón a la derecha
Los wichis son tan particulares, que uno de los jugadores tiene el corazón a la derecha

Es decir, no veo a wichis o a chorotes con botines fluo; solo veo a niños salteños.


En más de una ocasión he dicho que la pretensión de racializar el fútbol (organizar torneos para «pueblos originarios») no solo es contrario al espíritu igualitario de la república, sino muy especialmente contrario a las prácticas no discriminatorias del fútbol.

Me imagino la respuesta de la FIFA si le llegara desde el kilómetro 6 de Tartagal la petición de crear una «liga chorote», con la particularidad de que a la misma solo se admitirán equipos que fichen a jugadores que pertenezcan a esa etnia.

Si hasta los palestinos juegan al fútbol con los israelíes (cuando los misiles se lo permiten), ¿por qué los wichis y los chorotes no pueden jugar con los niños «blancos» de Tartagal, o de cualquier parte del mundo?

Tal vez lo que quiere la Delegación de Asuntos Indígenas del gobierno de Salta es que en el futuro los equipos chorotes disputen «mundiales interétnicos» con equipos de judíos, de esquimales, de negros, de gitanos, de magrebíes, de kurdos o de aborígenes australianos.

Sería el fin del fútbol.

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