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  • El motivo más emotivo de lo votivo
  • Hace unos cuantos años me enteré de un muy interesante proyecto para colocar una llama votiva en el Panteón de las Glorias del Norte, con objeto de perpetuar la memoria —ya de por sí eterna— de don Martín Miguel de Güemes, cuyos restos reposan en el sagrado lugar.
Imagen ilustrativa - Generada por AI
Imagen ilustrativa - Generada por AI

No he vuelto a saber nada de la iniciativa, pero recuerdo perfectamente que la autora de aquel proyecto se refería a esas lámparas de aceite que se mantienen perpetuamente encendidas, como símbolo de devoción, oración o promesa en contextos religiosos, y no a los camélidos de igual nombre que pululan por los altos valles que jalonan nuestra cordillera.



Las llamas votivas tienen una historia muy antigua que se remonta a prácticas judías, paganas y cristianas que datan de hace miles de años. Pero como en Salta lo que nosotros llamamos «tradiciones» tienen poco más de un siglo, han aprovechado la volada las militantes del pañuelo verde, que proponen que en la mismísima Catedral, en vez de llamas votivas se instalen unas llamas avortivas.

Estos dispositivos se conocen en idioma inglés como eternal flames, exactamente igual al título de la famosa canción de Bangles, que debería sonar de vez en cuando en el demasiado solemne panteón de la Catedral de Salta.

Pero como Güemes ha cobrado en los últimos años una dimensión insospechada, la llamita se antoja poca cosa para su descomunal humanidad. Si es verdad que, al enterarse de la muerte en altamar de Mariano Moreno, su archienemigo Cornelio Saavedra dijo aquello de «se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego», los salteños deberían pensar en colocar en el panteón no solo una eternal flame languideciente y titilante, sino un auténtico foco ígneo.

Probablemente, si el panteón todo se iluminara de repente con un intenso color rojizo, como aparece en la fotografía adjunta, sea más tolerable y justificable la presencia de los infernales en la interior de la Catedral.

En realidad, son ellos los verdaderos expertos en llamas eternas, aunque por las características edilicias del lugar (que poco tienen que envidiar al Mercado San Miguel), los infernales deberían compartir la custodia del lugar con el Cuerpo de Bomberos de la Policía de Salta, por si el «infierno» catedralicio se les va un poco de las manos, como está sucediendo en Cafayate.

Pero para hacer más interesante el asunto, los infernales podrían estar acompañados en el panteón por un pequeño ejército de vírgenes vestales, en honor a la diosa Vesta, la guardiana del fuego perpetuo que simbolizaba la continuidad, la seguridad y la prosperidad de Roma, que al mismo tiempo era la diosa romana del hogar, el fuego sagrado, la familia y la virginidad.

Si no se consiguieran este tipo de vírgenes en Salta (todo es posible), podríamos conformarnos con porner allí a «one of sixteen vestal virgins» de otra famosa canción: A Whiter Shade of Pale, de Procol Harum.



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