Al escucharlos, quedé pasmado por la vigorosa y creciente inteligencia de los cerebros del marketing electoral de Fuerza Patria. Dije «Wow!» (así en inglés, porque ¡guau! me suena a perro cerrillano), «estos tipos sí que son innovadores».
En un mensaje de solo unos segundos caben muy pocas ideas, desde luego. Pero es que, aun teniendo pocos segundos a su disposición, don Urtubey no dejó caer ninguna. Solo una amenaza dirigida al presidente Milei, a quien acusó de «insultar» (como si Urtubey tuviese una boquita de niña de conservatorio), de «reprimir» y de «humillar». Todas cosas que Urtubey nunca hizo, por supuesto.
Frente a estas «agresiones» —y otras que seguramente no ha mencionado por falta de tiempo— Urtubey le ha dicho al Presidente: «Oíme, che Milei. No vas a poder con la fuerza de los salteños». Pero más remarcable que esto es el mensaje subyacente, el que no se ha expresado con palabras: «La fuerza de los salteños soy yo», «soy yo el que te va a poner en tu lugar». Tal parece que «ser salteño» encierra en sí mismo todo un proyecto político. Según Urtubey, la «salteñidad» no necesita explicación ni desarrollo programático, al parecer.
Al escuchar esta parte, pensé que Urtubey no estaba diciendo nada nuevo. Antes que él, los «gauchos» de Güemes amenazaron con marchar sobre Buenos Aires para mostrar su disconformidad con la movilidad de un feriado y con invadir con sus caballos y guardamontes el recinto del Senado de la Nación.
Si ya es sumamente dudoso que Milei pueda llegar a temer a «la fuerza de los salteños» —aun de los que portan rebenques—, lo que ofrece menos dudas es que el Presidente no teme a «la fuerza de Urtubey», ni que venga degollando; sobre todo después de escuchar su voz, que suena como Alf —el extraterrestre de Melmac, amante de los gatos— en sus mejores episodios.
No soy muy entendido en la materia, pero pienso que los técnicos que han grabado el spot en cuestión tendrían que haber utilizado un ecualizador paramétrico y aplicar un boost estrecho (con un Q alto) en el punto donde el tono nasal se vuelve más evidente, que suele ser alrededor de 1,5 a 2 khz. Pero no lo hicieron. ¡Quién sabe si no fue a propósito!
Eso para empezar; porque con mi oído criollo he advertido también que los que sacaron al mercado ese meléfico audio utilizaron una ratio de compresión demasiado alta (más de 8:1), de modo que la voz del candidato —que ya de por sí invita a apagar la radio— ha sonado plana, comprimida en exceso, sin rango dinámico ninguno y con una marcada exacerbación de sus tonos guturales o cavernosos.
Se ve que Urtubey ha querido sonar como Morgan Freeman o como Barry White, pero le ha salido una voz de flauta falluta como la de un palomo atorao, o la de la Sirenita después del naufragio.