Si así no sucediera, puede ser por dos cosas: 1) porque el anticiclón haya dejado paso a las bajas presiones, o 2) porque los salteños y las salteñas hayan huido despavoridos de los lugares en que venden los sahumerios, a causa del estratosférico precio de las bolsitas.
Dios nos libre de no poder comprar esas bolsitas con papel picado, dólares truchos, confeti boliviano, hierbas machacadas y resinas con elementos naturales de propiedades purificadoras y energéticas.
Los más afortunados (léase más pudientes) quemarán incienso y mirra, mezclados con palo santo y ramitos de ruda y de romero. Si pudieran hacerlo arder a Urtubey también, lo harían con enorme gusto, pero probablemente no lo hagan porque el hombre ya se ha incinerado a sí mismo en la pira de la egolatría y la figuración.
Los salteños de verdad, los de la vieja escuela, en realidad queman la basura. Urtubey sería elegible para esta noble y antigua costumbre, pero la idea del feligrés pachamamero es invocar la protección de la Madre Tierra y, a través de la humareda, lograr purificación, limpieza, sanación y claridad. Y el sorprendente candidato encarna probablemente todo lo contrario.
Los más esotéricos buscan a través del humo romper hechizos absorbiendo las energías negativas y los más milagreros desean purificar el aire para que las Sagradas Imágenes disfruten de un agosto plácido. El sincretismo religioso llevado a su máxima expresión.
El Intendente quemará neumáticos, la presidenta de la Corte de Justicia expedientes viejos, la Ministra de Educación el legajo de algún docente huelguista, el concejal López su celular y los diputados algunos ejemplares del reglamento interno de la Cámara.
Lo que este año seguramente no sucederá es la «alimentación» de la Pachamama con hojas de coca, a causa de los elevados precios que se piden por ellas en el Gran País del Norte. Los más astutos echarán las hojas en el hoyo, pero antes de taparlo con tierra, cuando nadie los vea, se asegurarán de recuperar el oro verde para masticarlo cuando llegue a faltar. El sentimiento religioso está muy bien, pero –como dicen los catalanes– «la pela es la pela».
Nos espera una Pachamama libertaria y hay que estar preparados hasta para quemar estiércol de caballo. Lo importante es que el humo huela a algo y que la ciudad se llene de misterio cuando veamos a los malos espíritus huir por las quebradas.