El que hasta hace poco se percibía como el «apóstol de la moderación» y se autoproclamó en algún momento como el «supremo aproximador» de las dos orillas de la grieta, ha leído las encuestas y llegado a la conclusión de que, si alguna posibilidad tiene de que alguien lo vote en las próximas elecciones de octubre, lo suyo es presentarse ante el electorado como antimileísta acérrimo; o como «cristinista arrepentido» (de haber sido anticristinista).
Pero el 52 por cien de los correntinos ha destruido ayer el apresurado certificado de defunción extendido por Urtubey en Salta para todo el país, al votar mayoritariamente a un partido que, inesperadamente, le juntó la cabeza al kirchnerismo y al mileísmo.
Desde luego, no se sabe lo que va a suceder en Salta, pero la emergente figura de Flavia Royón, que ya ha dicho que ella circula cómodamente y sin mayores complejos por la denostada y enterrada «avenida del medio», parece estar poniendo en aprietos al estratega vallisto.
Según comentan algunos malvados, el exgobernador circula ya por la oscura y tenebrosa «avenida del miedo».

