Había que denunciar ante a los albohídricos el ilegítimo concúbito entre el perverso Milei y el no menos diabólico Sáenz, que —según Urtubey— se dan la mano por debajo del mantel (o del poncho).
La Provincia de Salta elegirá a tres senadores nacionales (otras siete provincias argentinas harán lo mismo); y si todo sale como Urtubey teme y se las ve venir, los tres senadores nacionales que elija Salta no serán «de Salta», como dice la Constitución, sino «de Milei», que se ha convertido así en el vigésimoquinto distrito electoral del país.
«Hay que parar a Milei y por eso llevo a 'este chango' para que me ayude», dijo Urtubey en referencia al casi procesado Emiliano Estrada, que enfrenta sus horas más bajas.
Pero explicar todas estas cosas tan enrevesadas a los pobrecitos ignorantes de Aguas Blancas puede tranquilamente desbordar su ya de por sí saturado disco duro.
Por eso, a los residentes de la margen Sur del Bermejo hay que darle las cosas ya masticadas y, a poder ser, en un lenguaje que ellos entiendan. Nada de sociologismos alambicados, ni de «lógicas wittgensteinianas». Para los periodistas porteños, caviar; para los parroquianos acodados en la barra de un bar de Aguas Blancas, frangollo.
Así como en octubre de 2016, Urtubey intentó demostrar que una persona con síndrome de Down podía utilizar con provecho y sin tropiezos su maravilloso invento del voto electrónico, nueve años después intenta demostrar que hasta los que viven en Aguas Blancas —que en su mayoría subsisten gracias al bagayeo y alguna que otra actividad ilícita— pueden entender que si él no sale electo senador nacional, el presidente Milei destruirá el país.
Será un «orgullo» para los que viven en Aguas Blancas que Urtubey, convertido en senador, desde su banca se refiera al Jefe del Estado como «el Milei». En la frontera —donde votan hasta los perros— nadie entiende el significado de las palabras «señor Presidente».
