Ayer, el mismo ministro anunciaba la decisión del gobierno de «salir al mercado de capitales». Cientos de miles de salteños están prendiendo velas a la Virgen (a una oficial, no a una no reconocida) para que esta vez la «salida» de Dib Ashur no sea tan ridícula como la de 2020 cuando salió al mercado de los respiradores artificiales con su desesperado ruego.
Al final, si don Elon decide pisar la tierra de Güemes, lo suyo sería que Dib Ashur fuera al aeropuerto a esperarlo con una ambulancia (no de esas que transportan cocaína en los caños de la camilla) sino una del SAMEC (con una enferma que esté conectada al suero de verdad), o mejor con un camión de Agrotécnica Fueguina capaz de cargar la tonelada de respiradores que nos traerá Musk (gratarola, por supuesto) a pedido del ministro.
El tuit de Dib Ashur dio la vuelta al mundo. Salió en todos los diarios conocidos y por conocer. Con él, nuestro chancellor of the exchequer cimentó una sólida fama de «manguero», la que ahora le puede venir muy bien para terciar en el mercado de capitales, en donde quizá consiga tasas más atractivas que las que en su día consiguieron Urtubey y Parodi, cuando pidieron ese dineral para obras que nunca hicieron y que ahora todos los salteños tienen que devolver.
Tal vez, si en los laboratorios del INTA de Cerrillos nuestras mentes más maléficas desarrollan un virus contagioso y lo esparcimos por el mundo, como lo hicieron (presuntamente) los científicos de Wuhan, los respiradores artificiales vuelvan a cotizarse alto en el mundo.
Y si pulimos en el mercado negro los aparatos que seguramente nos treaerá Musk a pedido de Dib Ashur, con la platita producida podemos acometer las obras inconclusas, y en una de esas nos queda algún vuelto para pagar las deudas contraídas.

El inglés «bien castizo» del ministro salteño terminó jugándole una mala pasada, pues, en vez de escribir «Dear Mr. Musk» escribió «Dejar Mr. Musk». Y claro, Mr. Musk lo «dejó».