Según la información oficial del gobierno, los estudiantes —ahora graduados— se formaron en disciplinas tan interesantes e imprescindibles (para ellos, suponemos) como liderazgo, comunicación, oratoria e inteligencia artificial.
Creo que quien haya pensado que los problemas que enfrenta Salta y que afligen a los salteños se resuelven con «más liderazgo» ha leído muchos «papers» pero ha tenido, o tiene, muy poco contacto con la realidad; esa realidad que nos está diciendo a los gritos que el principal problema de nuestra convivencia actual y futura es la desigualdad.
Seguramente, del curso del señor Claros, rematado por la verba iluminada de su colega Dib Ashur, saldrán unos líderes estupendos, sagaces dirigentes que brillarán donde les toque; sea en Ginebra, sea en Guachipas.
No sabemos en qué medida se va a beneficiar Salta de este aluvión de líderes diplomados. Lo más probable es que, con sus conocimientos tan sofisticados, estos universitarios aventajados ensanchen aún más la desigualdad que obstaculiza nuestra convivencia.
Así sucederá inevitablemente, ya que, cuantas más elites produzcamos y nos olvidemos de educar a vastos sectores de la población excluidos (en saberes mucho más simples, más útiles y socialmente más valiosos que el «liderazgo») solo profundizaremos la brecha que separa a unos de otros y que amenaza permanentemente nuestra paz social.
¿Por qué no un máster en desigualdad social, señor Dib Ashur?
Le diría que no necesitamos «empoderar» a un centenar de elegidos (por muy inteligentes y capaces que sean), sino a varios centenares de miles de personas, de las que nadie se acuerda, y de las que, seguramente, no se acordarán los futuros líderes ginebrinos, sobre todo después de que alegren la vista con el chorro del lago Leman, se deslumbren con los relojes caros y visiten esos bancos centenarios tan celosos de la identidad de sus clientes.
Si el Banco Interamericano de Desarrollo necesita, por lo que sea, gastarse unos morlacos en formación, debería hacer proliferar en Salta a los ingenieros sociales, no a «líderes» (menos a unos «globales»), ni a expertos altoperuanos en Inteligencia Artificial.
Creo que a Claros y a Dib Ashur solo les faltó decir que sus alumnos recibieron una formación «integral» e «interactiva».
Líderes tenemos muchos y, por suerte, sin necesidad de que tengan que hacer un curso para descollar.


