Entre las cosas que dice el FMI en este comunicado figura la crítica al llamado «plan platita», con el que el ministro/candidato «se desvió gravemente de su rumbo», según los técnicos del Fondo.
Evidentemente, se refiere el FMI a la intensa campaña proselitista de Sergio Massa, en la que gastó enormes cantidades dinero público para sostener a la clase media, con la esperanza de obtener un resultado electoral que finalmente no se produjo.
Pero si el «desvío» de Massa era electoralista (lo que media Argentina sabía) ¿por qué el FMI calló y lo siguió apoyando?
Es comprensible que el FMI no quiera inmiscuirse en la política interna de los países y menos tomar partido por algún candidato en una contienda electoral. Pero si sus técnicos advierten en un momento dado que los que gobiernan el país están adoptando decisiones que se apartan de los compromisos asumidos, si a ellos les consta que tales decisiones son dañinas para la economía del país y el bienestar de sus ciudadanos ¿por qué no lo dijeron en su momento?
Los enfoques técnicos del FMI pueden ser muy serios, pero la oportunidad política de su difusión deja mucho que desear. Si Massa ya era «malo» en septiembre de 2023, o incluso antes, el FMI no debió apoyar sus políticas. Que salga ahora a criticarlo con dureza, cuando Massa ha perdido las elecciones y el rumbo del país es incierto, no soluciona ningún problema a los argentinos.