Despojado de todo vestigio de legitimidad, sumido en una retórica tan artificiosa como falsaria, el flamante mandato de Maduro desafía al 70 por ciento de los votantes venezolanos, que no lo apoyaron a él sino a otro candidato; Maduro no se asienta en las urnas, se sienta sobre las bayonetas de fuerzas armadas convertidas en partido faccioso.
El gobierno argentino se ubicó en la delantera de la oposición internacional a Maduro y algunos de sus voceros contribuyeron en la creación de expectativas fantasiosas sobre lo que podría ocurrir el viernes 10 de enero, imaginando que, milagrosamente, la dictadura se desarticularía y cedería el poder intimidada por las ráfagas de adjetivos de la oposición y sus aliados; un objetivo que, evidentemente, requerirá aún más esfuerzo y más paciencia.
El gobierno de Javier Milei deberá, entretanto, combinar su vocación por destacarse en la descalificación del régimen venezolano con la elección de medios más sutiles para defender su hostigada sede diplomática en Caracas, cooperar con las gestiones de Brasil para preservar la seguridad de las personas allí refugiadas y operar con sobriedad y eficacia para que Nahuel Gallo, el gendarme argentino que el régimen venezolano mantiene prisionero bajo la delirante acusación de planificar un magnicidio, recupere rápidamente su libertad y regrese a la patria.
El interés informativo por lo que ocurría en Venezuela sólo fue equiparado de a ratos por peripecias de la política doméstica: las objeciones de sectores empresariales a aspectos de la política económica y los dimes y diretes de la relación entre el oficialismo libertario y su vocacional aliado, el Pro que lidera Mauricio Macri.
Aunque el gobierno de Javier Milei goza de un amplio crédito de lo que suele denominarse “el círculo rojo”, es notorio que lo alteran las sugerencias de corrección de sus políticas. Desde sectores de la industria, voces significativas han empezado a reclamar que se “nivele el terreno” para poder competir en paridad de condiciones; se refieren a la necesidad de que el gobierno trabaje sobre cargas (impositivas y de otro orden) que integran el llamado “costo argentino” con la misma intensidad que exhibe para bajar costos a la importación.
Esta semana, en tono elogioso, el diario económico Financial Times publicó que “el presidente libertario desmantela una red de aranceles y regulaciones que han hecho que muchos productos importados sean casi inasequibles". Pero consignó también que “las empresas manufactureras argentinas advierten que un aumento de las importaciones podría devastar un sector que emplea a casi una quinta parte de los trabajadores y que ya se ha visto muy afectado por la crisis económica del país. La actividad manufacturera cayó un 12,7% en los primeros nueve meses de 2024 en comparación con el mismo período de 2023″.
El hecho de que el Presidente le dedicara esta semana una extensa y ciertamente áspera respuesta a Domingo Cavallo (“me parece una vergüenza la declaración de Cavallo. Me sorprende para mal su juicio tan ligero y tan mal fundamentado técnicamente”, “es insultante la estupidez que dijo”), denota que las objeciones referidas a la sobrevaluación del peso, a la inflación en dólares y al terreno desparejo que debe afrontar la producción local no son temas marginales, expresan inquietudes legítimas de sectores influyentes que tienen incidencia sobre la sustentabilidad del gobierno y que el vértice libertario se ve obligado a atrincherar sus puntos de vista.
Varios de los sectores que formulan aquellas objeciones –sin hostilidad al gobierno, procurando, por el contrario, que mejore sus perspectivas y amplíe su base-, alientan simultáneamente que la corriente libertaria no se encapsule, que se abra a alianzas firmes que permitan extender el horizonte de las reformas y clausuren la posibilidad de un retroceso. En suma, impulsan la constitución de una alianza de La Libertad Avanza con el macrismo, particularmente en la provincia de Buenos Aires, donde gobierna Axel Kicilof y donde el peronismo sigue sobrellevando la hegemonía kirchnerista y probablemente derrotaría en octubre a un antiperonismo/antikirchnerismo dividido.
La preocupación de aquellos sectores parece basada en la desconfianza o indiferencia ante una convergencia con el Pro manifestada por figuras muy influyentes del gobierno, como Karina Milei y Santiago Caputo, partes del triángulo de hierro que corona el Presidente.
También en este plano Milei consideró oportuno pronunciarse. Aprovechando el micrófono abierto por un periodista adicto, el Presidente se declaró dispuesto a trabajar con Macri: “Vayamos juntos y arrasemos al kirchnerismo en las elecciones”, declaró, como si estuviera enmendando la línea de sus reticentes colaboradores cercanos.
En esas circunstancias, Mauricio Macri respondió velozmente a la oferta presidencial: "Estoy seguro de que podemos representar juntos las banderas del cambio, la libertad y las instituciones", tuiteó. Y, como para mantener en vida la demanda de autonomía, agregó que estaba “dispuesto para conformar un equipo de trabajo”.
El entusiasmo de Macri no fue correspondido, sin embargo. Probablemente porque ni Milei ni, mucho menos, los otros dos catetos del “triángulo de hierro” oficialista piensan en formar un nuevo “equipo de trabajo”. El encargado de trasmitir ese estado de ánimo fue el jefe de gabinete, Guillermo Francos: “Macri planteó una comisión, y nosotros no hemos hablado de comisiones. Estamos lejos del acto electoral como para armar comisiones sobre esto. Trabajemos y apoyemos las leyes que vienen y después hablemos de elecciones. Estamos en momento de trabajar en conjunto, trabajar en leyes que tenemos pendientes”.
El Pro tiene que seguir mostrando espíritu colaborativo. Como se vienen las sesiones extraordinarias del Congreso, tendrán oportunidad de mostrar cooperación en la agenda que presenta el Ejecutivo: eliminación de las PASO, designación de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla en la Corte Suprema, el proyecto de Ficha Limpia rediseñado por la Casa Rosada…
La señal que Milei quería dar al círculo rojo, la dio: él no se opone a que el macrismo lo ayude a “arrasar el kirchnerismo”. Tampoco se opone a incorporar a los miembros del Pro. Pero para la Casa Rosada el equipo ya está formado y se llama La Libertad Avanza.