Volvió Brasil
Desde lejos, otro que tuvo gran presencia mediática fue el venezolano Nicolás Maduro, que faltó a la cita, según él porque “una conspiración de ultraderecha” estaba dispuesta a realizar actos contra él (que su gobierno prefirió no especificar). La oposición argentina –en primer lugar, Patricia Bullrich- se adjudicó el lauro de haber amedrentado a Maduro con sus denuncias y pedidos de detención a Interpol y a la DEA. La oposición repudió por adelantado la presencia del venezolano, la del también ausente nicaragüense Daniel Ortega y la del presidente cubano Miguel Díaz Canel (que sí vino y no fue hostigado).Con el marco de la reunión de CELAC, Brasil y Argentina pusieron en marcha procesos muy prometedores. La ambiciosa iniciativa de trabajar por una moneda común -con la espectacularidad que tal anuncio supone- alcanzó un eco desmedido, que llegó hasta el Financial Times. Hasta se bautizó a la criatura: la nueva moneda se llamaría Sur. Tanto Sergio Massa como su colega brasilero, Fernando Haddad, tuvieron que aplicar paños fríos para sofrenar expectativas. No se está pensando en una “moneda única” y tampoco en una moneda física, sino en un mecanismo de compensación financiera , cuya implementación es compleja y requiere tiempo y trabajo. Hay, eso sí, voluntad de avanzar.
En cierto sentido, puede decirse que, tanto en Brasil como en Argentina, el objetivo tiene un fondo de acuerdo. Bajo las presidencias de Mauricio Macri y de Jair Bolsonaro hubo ya conversaciones y los ministros de entonces, Nicolás Dujovne y Paulo Guedes hicieron público ese “deseo compartido”, que se apoyaba en que –como explicaron entonces- los dos socios del Mercosur están expuestos a los mismos shocks externos, dependen mucho de exportaciones de commodities y sus monedas se mueven afectadas por los eventos internacionales. En aquel momento el proyecto se paralizó por la resistencia del Banco Central de Brasil.
Como explicó el ministro brasilero, su país ve en Argentina un socio debilitado por la falta de divisas, y esa debilidad recorta importaciones de Brasil, en particular de bienes manufacturados. El comercio entre ambos países, que se viene reanimando, seguirá creciendo. En el año 2022 alcanzó algo más de 28.000 millones y fue más de un 20 por ciento más alto que el mismo período de 2021. Tiene todavía mucho espacio para incrementarse: a mediados de la década anterior llegó a ser de 40.000 millones. La “vuelta” de Brasil, que Lula celebró en Buenos Aires, fortalece a la Argentina y abre una nueva oportunidad para el Mercosur.
Pero, claro, es imprescindible evitar los disparates.
Perder el juicio
Sobre Massa confluyen las presiones del sector más intemperante del kirchnerismo, que le reclama un pronunciamiento personal en favor del enjuiciamiento de los supremos magistrados, y también las de sectores del empresariado local y de algunos de sus contactos foráneos, que, por el contrario, le aconsejan que actúe rápidamente para que sus diputados fieles faciliten la interrupción de ese proceso, que enturbia las procelosas aguas de la economía. Cualquiera de esas opciones tiene un costo.La jugada del cristinismo acérrimo, entretanto, no repara en gastos para conseguir alguno de los réditos que busca. El viernes se conoció en Ginebra el informe oficial con las recomendaciones a la Argentina realizadas por los estados que integran el Consejo de Derechos Humanos de la ONU tras el informe que presentó el enviado argentino, Horacio Pietragalla, con el que el gobierno llevó a un escenario global su pelea con la Corte y las elucubraciones sobre el llamado “lawfare”. Ya se conocía la respuesta de la representación alemana. La delegada de Berlín en el organismo, Ann-Jasmin Krabatsch, dejó asentado que “Alemania expresa su preocupación por los intentos de ejercer influencia política en el sistema de Justicia… y en ese sentido recomienda que se fortalezca la independencia judicial y se proteja a jueces e investigadores ante presiones e intimidaciones”.
La diplomática recomendó asimismo en nombre de su país que Argentina “trabaje activamente con la oposición para cubrir los puestos vacantes en la procuración general, la Corte Suprema y la Defensoría del Pueblo”. Una opinión fuerte de un socio fuerte de la comunidad internacional, cuyos reclamos fueron acompañados por otros países, como Suecia y Chile.
Estos hechos no desalientan –por el contrario, espolean- al cristinismo más fervoroso, pero inducen a la reflexión a los sectores más sensatos del oficialismo, desde gobernadores hasta dirigentes sindicales. Y sin duda son registrados con preocupación en el Palacio de Hacienda.
Irónicamente, la lógica enjuiciadora que emana de la vicepresidencia ha encontrado un eco inopinado en la oposición. La Coalición Cívica de Elisa Carrió ha decidido desviarse del rechazo al juicio político que enarbola la coalición Juntos por el Cambio en un caso específico: sostendrán el juicio político a un 25 por ciento de la Corte, en la figura de Ricardo Lorenzetti, un antiguo blanco de los ataques de Carrió. Aunque lo harán por causales distintas al oficialismo, ese acompañamiento diferenciado devalúa el argumento opositor que caracteriza el enjuiciamiento a los supremos como un atropello a la República. No es un atropello. Es, más bien, un disparate.