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  • Una nueva moda juvenil
  • Con poco tiempo de vigencia se pone de moda una nueva movida juvenil. Movida que muchos ya llaman una tribu identitaria a nivel mundial.
José Alfonso de Guardia de Ponté
José Alfonso de Guardia de Ponté

Autopercibirse un animal es algo novedoso ya que, a la inversa, siempre estuvimos humanizando animales. Esta gentecita puede verse como perro, gato, zorro o lobo y otros quizás, ya que no tienen muchos límites. Hay diferentes modelos animales que pueden llenar las expectativas identitarias, pero aclarando que es una forma casi o pseudo espiritual al margen de ponerse máscaras, andar en cuatro patas o emitir sonidos imitatorios de algún bichito.


Pero la pregunta primera que se nos presenta es ¿es moda?, ¿ignorancia?, ¿locura?, ¿una ideología quizás? o ¿solo una simple confusión?

¿Qué está pasando por la cabeza de estos chicos?

La psicología clásica, en modo de justificación diría que “si se siente un perro” puede estar significando que “se siente fuera del grupo social”. “Más seguro siendo un animal doméstico que un cruel ser humano”. “Que no confía en este mundo violento y sin piedad.” Y que “Prefiere pertenecer a una manada que a una familia llena de indiferencia y desamor”.

También lógico pensar que en todas las eras y tiempos los jóvenes se sintieron incomprendidos por la sociedad. Es parte de la etapa adolescente. Y de seguro que en mundo tan cambiante como el nuestro la incertidumbre sea bastante mayor. Los hippies, los roqueros, los dark, los hemos, etc. son ejemplos suficientes de movidas cuestionadoras y revolucionarias. Todos incomprendidos en su tiempo, muchos ya extintos.

Mi tía Clarita diría: “La culpa la tienen los padres” y convengamos que hay mucha tela para cortar al respecto. Ya que podemos comprender que no existen hijos con problemas sino que el concepto “familia” está en problemas y que no hay hijos difíciles sino padres con dificultades. Más bien diría “Los adolescentes son un producto y un resultado de nuestras propias dificultades éticas, educacionales y sociales”.

Quieran o no, la sociedad es el modelo, y si la cuestión viene difícil es que el modelo anda fallando.

La confusión de roles, la perdida de la autoridad, los padres que se hacen los amigos y compinches, las madres “solitas” que salen con sus hijas vestiditas igual a coquetear y a conquistar, lo viejitos piolas que andan en moto con una pendex de 18 a la espalda y los que a todo le ponen un precio y una compensación monetaria, nada ayudan y nada valen estos papitos modernos a una buena y feliz educación, ¿que no?

Hay quienes, en tensión cuestionadora y atormentados por la posible pérdida del futuro, del mundo y del más allá en una visión fantasmagórica, holocáustica —si se quiere ser más preciso— abogan por una especie de «hermenéutica del desencanto», que culmina en un cinismo cómplice de cualquier cosa y a cualquier precio.

Otros intentan desenmascarar conjuras o planes nefastos del capitalismo aterrador y perverso sin jamás diagnosticar sus causas y prescribir los remedios y lo hacen entre la antropología cultural, la ciencia de la economía y la hermenéutica filosófica; lo cierto es que el mundo moderno sigue su curso con nosotros encima, sufriendo y gimiendo una vida molesta.

Una psicóloga amiga, hablando de estos chicos perros, me dijo: “Cuando la sociedad humana no contiene… el inconsciente buscará pertenencia en otro lugar y a su manera, por tanto... una identidad animal puede funcionar como protección y/o contención y fundamentalmente como un límite claro: La tribalidad siempre fue un recurso de la adolescencia para refugiarse”.

A pesar de todas estas explicaciones tan claras… no puede captar la sintonía. Porque pasar de identificarse con los super héroes con superpoderes a mascotas domésticas me resulta desalentador. La «condición posmoderna» admite identificaciones para todos los gustos como podemos ver, pero creo que el therian rebasa los límites, puesto que resume el resultado de la simbiosis entre contracultura estética y nihilismo estéril. Una democratización del hedonismo y la estupidez. Parece que todo se resuelve con la identidad, y este caso se encuentra una salida ilógica, la ponen de moda y se hacen la ilusión de que con este posicionamiento existencial resuelven los problemas de la realidad, la cual lamentablemente es cruda y cruel ya que al contrario de lo que se añoraba antaño, la deshumanización entre los hombres es punto y eje de la cuestión.

Sin lugar a dudas y como conclusión inconclusa, podemos decir que la cultura que necesitamos reinterpretar y recrear es aquella que promueva valores colectivos de entendimiento, respeto y cooperación, desde donde nazca el conocimiento y la base de un concepto moderno del trabajo y de la producción. Pero las esperanzas se me agotan rápido cuando veo que en Congreso de la Nación se aprueban leyes que promueven un menosprecio de los valores que salvaguardan el bien común y la libertad colectiva, en favor de un individualismo sordo al sufrimiento social.

La ética se ha convertido en un recurso abstracto y teórico más que una experiencia primordial de la vida humana.

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