Nuestras vidas también viajan con el conjunto, en un ciclo casi perfecto desde nuestra niñez hasta el fin del cuerpo. Nada lo detiene, todo bajo el curso del reloj natural. Y por más quietos que estemos siempre estamos en movimiento.
Todos los proyectos, todos los sueños, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía, cierto romanticismo… Como diría Dn. Eduardo Galeano: “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
Yo diría para mejorar y… para tener en cada vuelta una mejor versión de nosotros mismos.
Eleanor Roosevelt escribió en una carta: “El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños” porque de alguna manera el futuro no es otra cosa que ideales y esperanzas.
Muchos opas solemnes viven alardeando de sus cuadros genealógicos, recordando a diestra y siniestra de dónde vienen; los hombres y mujeres libres y geniales sólo necesitan saber a dónde van.
Cerremos la ventana del viejo año y con mucha alegría abrimos la puerta del nuevo desafío, porque… sencillamente si no crees en tu porvenir, no lo tendrás.