Y no porque las infraestructuras ferroviarias españolas sean antiguas u obsoletas, sino quizá por todo lo contrario.
España es un país que en los últimos cuarenta años ha expandido de forma notable sus redes de comunicaciones y de transporte. En esta revolucionaria transformación han tenido mucho que ver los fondos europeos.
Aparte de la modernización de las carreteras y de los trenes de alta velocidad, que es por todos conocida, voy a poner el ejemplo del Metro de Madrid. Porque en la capital de España el transporte subterráneo tiene una red cada vez más extensa y moderna, con trenes que se renuevan muy frecuentemente. Pero, comparado con el Métro de Paris —que tiene una red mucho más grande, aparentementemente obsoleta, con trenes más antiguos, más oscuros y túneles de la época de Proust— el de Madrid presta un servicio menos puntual y eficiente.
¿Cómo es posible? La respuesta solo puede ser una: La modernidad de las infraestructuras no es garantía suficiente para su eficiencia.
Muchos visitantes europeos y norteamericanos (no tanto los asiáticos) se asombran de la permanentemente renovada modernidad de las infraestructuras españolas. Algunos piensan que la tasa de renovación es demasiado alta en este país y que ello solo puede ser debido a malas decisiones del gobierno.
En Salta
Mi mente me transporta entonces a Salta, en donde el gobierno provincial está haciendo enormes esfuerzos por modernizar las infraestructuras, que estaban —y en muchos casos todavía están— muy atrasadas.Creo firmemente que mucho peor que tener infraestructuras atrasadas es construir nuevas pero de mala calidad.
He podido ver en algunos vídeos (porque lamentablemente no he podido verla in situ) la gran obra de la circunvalación Noroeste, con sus puentes (para evitar los cruces a nivel), sus carriles separados, sus señales y su iluminación.
Y quiero decir lo siguiente, sin que suene presuntuoso ni de ningún modo desmerecedor: Con todo el dinero que lleva gastado el gobierno, el resultado podría haber sido mucho mejor; especialmente en lo que tiene que ver con los elementos de seguridad de la carretera, que brillan por su ausencia.
Pondré un solo ejemplo: La hilera de columnas de iluminación en la circunvalación de Salta es axial; es decir, está colocada en la mediana de la autopista, en el espacio que separa los dos sentidos de circulación, justo por donde los coches efectúan los adelantamientos y desarrollan la máxima velocidad.
Esta forma de iluminar no solo crea un peligro innecesario para los automovilistas (que pueden enroscarse en los postes de alumbrado con solo patinar un poco), sino que requiere interrumpir la circulación cada vez que hay que cambiar la lámparas y efectuar otras tareas de mantenimiento.
Lo mejor —a mi juicio, sin ser especialista— es la iluminación bilateral con puntos de luz situados en ambos lados de la vía de tráfico (uno opuesto al otro, o al tresbolillo), en la banquina, o detrás de ella, siempre protegidos por guard-rail.
Tengo que advertir que cuando en Salta se habla de seguridad vial casi siempre se hace referencia al comportamiento de los conductores, y casi nunca a las condiciones de la vía, que son, precisamente, las primeras y más fiables proveedoras de seguridad.
Nuestras infraestructuras deben ser diseñadas para durar por lo menos 50 años, y de una forma en que puedan adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos y ambientales. Es decir, unas infraestructuras fácilmente escalables y notablemente sostenibles.
Creo que se invierte mal en obras que van a durar muy poco, por la calidad de sus materiales, por la rigidez de su diseño o por su falta de seguridad. La planificación requiere tener en cuenta otros factores que no sean simplemente el aumento del tráfico económico o el desarrollo demográfico (o la necesidad de ganar unas elecciones).
Sería muy fácil decir que hay que copiar a los países más avanzados, pero esto no es cierto en absoluto. Algunos países, como España, no son precisamente un ejemplo en materia de decisiones de inversión en infraestructuras, y el desastre ferroviario de anteayer lo ha puesto de manifiesto de una formal trágica y cruel.
Más que la renovación y la modernidad, se debe priorizar la utilidad, la duración y la seguridad de las obras, para que los salteños puedan finalmente enjugar ese déficit que nos separa de las sociedades más modernas y seguras del mundo.