Al parecer, no es el caso de la Universidad Nacional de Salta, que ha salido en «massa» a expresar públicamente su rechazo hacia el candidato de La Libertad Avanza.
Es curiosa esta unanimidad universitaria. Sobre todo, si se tiene en cuenta que el punto VI de sus «Bases» (una especie de preámbulo de sus estatutos) dice textualmente lo siguiente:
«La Universidad es prescindente en materia ideológica, política y religiosa, entendiendo en los problemas sociales, políticos e ideológicos, estudiándolos científicamente. Es ajena a todo interés sectorial o concepción dogmática. Promueve la actitud crítica, asegurando en su seno la más amplia libertad de expresión».
Una cosa es la postura política de una asociación o de un sindicato constituido en el seno de la universidad, y otra bien diferente es la pretensión de que la opinión de cualquiera de ellos suponga la opinión del conjunto de la comunidad universitaria, que ha nacido libre y deberá mantenerse libre si lo que quiere es cumplir con los objetivos expresados en los puntos I a VII de sus estatutos.
Si en las próximas horas, el rector de esta universidad no sale a efectuar una declaración pública para reafirmar la neutralidad ideológica de la institución que dirige y los altos fines que persigue, los ciudadanos -incluidos docentes, trabajadores y alumnos de la UNSa- sabrán del verdadero valor que el estatuto universitario tiene para quienes la dirigen.

