El fenómeno es en cierto modo paradojal, puesto que cuando tenemos la oportunidad de combatir los excesos del centralismo, nos empeñamos en enviar a la principal institución federal -el Congreso de la Nación- a las personas menos preparadas.
Es muy poco probable que en los tiempos en que vivimos no haya gente que esté a la altura de estos nombres ilustres, que intimidan con solo leerlos.
Pero si esa gente existe, ¿por qué las listas de candidatos a legisladores nacionales por Salta son tan pobres en nombres y en trayectorias? Hay demasiados políticos de segunda y tercera línea que se sacan los ojos unos a otros para disputarse unas pocas candidaturas, y muy pocos políticos de primera línea interesados en las elecciones.
No es malo de suyo que los candidatos salteños respondan a determinadas orientaciones de política nacional -así ha ocurrido siempre-, pero decididamente no es bueno que estas diferentes orientaciones sean las únicas que decidan el nombre de quienes nos representan.
Cuando algo como esto sucede, tenemos la seguridad de que los centralistas nos van a llevar de las narices hacia donde ellos quieren. Es decir, van a conseguir lo que se proponen. Y con nuestra complicidad.
Excepción hecha de alguna legisladora actual, el resto de los representantes de Salta solo ha demostrado talento para enredarse en asuntos oscuros que siempre terminan resolviéndose, no por la fuerza de la razón, sino por la imposición del número. Probablemente no es culpa de ellos ser mediocres: nosotros también hemos ayudado a que esto se produzca.
Si no tuviéramos más remedio que tolerar que personas muy cortas de caletre hablen por todos nosotros en el Congreso Nacional, y si seguimos siendo felices con ver atornillada en el Senado a la misma persona durante más de 30 años, pues no nos quejemos después de que el federalismo funciona mal. Asumamos las consecuencias de nuestras malas elecciones.
Porque el federalismo -es bueno recordarlo- no es solo lo que los demás nos hacen a nosotros sino también lo que nosotros mismos aportamos a ese federalismo cojo y deficitario.
