La noticia no es tan buena para la salud de nuestras instituciones como mala lo es para candidato derrotado.
El prístino ejemplar de nuestra más exquisita educación humanista y moderna podrá seguramente —durante los próximos seis años— presumir del 13% de votos que obtuvo en toda la Provincia; pero el 11,4% que cosechó en el Departamento más poblado (más culto, más rico y cívicamente más rodado) le impedirá dormir por un buen tiempo. Los salteños le han dado la espalda, masivamente.
«¿Cómo es posible que la gente me quiera tan poco, si yo me he preparado toda la vida para esto?».
La respuesta es muy sencilla: La democracia tiene razones que el ego bulímico no entiende.
Una de esas razones lleva el augusto nombre de «memoria cívica».