No se trata tanto de defender la democracia, en abstracto, sino el Estado de Derecho, que es el último refugio de la libertad de los individuos.
El Estado de Derecho proporciona las directrices para el cambio político, por lo que sus normas y sus tiempos deben ser rigurosamente respetados, aun contra los arrebatos mayoritarios y las tentaciones de las fuerzas militares de obrar en nombre del «pueblo».
La estabilidad institucional en Bolivia y el respeto a su Constitución no solo interesan a los bolivianos. La proximidad geográfica y las afinidades culturales hacen que estos asuntos afecten de un modo especial a las provincias del Noroeste argentino.
Por esta razón es que, sin dudar y sin tener en consideración la ideología de los gobernantes, se debe sostener al gobierno electo en las urnas, condenar sin condiciones ni reservas cualquier intento de ruptura del orden constitucional y afirmar que el único cambio político posible es aquel que permiten las normas que el pueblo de Bolivia, democráticamente, ha sancionado.




