Evidentemente, el mensaje de los nuevos intendentes apunta a responsabilizar exclusivamente a los que cesaron, y sin dudas estos personajes tienen una buena parte de la culpa de lo que está sucediendo en las comunas.
Parece que ninguno de los nuevos intendentes electos «planificó» su llegada como es debido, o quizá dio por sentado que encontraría en la Municipalidad algo con lo cual empezar a gobernar, pero no lo encontraron. Razón tienen para quejarse, pero no para negarse a gobernar.
Es matemáticamente imposible que todos los intendentes anteriores hayan sido un desastre. Alguno debe de haber hecho algo bueno y dejado algo en pie.
Los problemas de «sucesión» entre intendentes de diferente signo (y aun del mismo) hay que buscarlos fuera de las personas, en el sistema institucional que impide el buen funcionamiento de los controles de gestión.
Y no solamente hay que echar la culpa a los Concejos Deliberantes (que la tienen, sin dudas), al deficiente funcionamiento del sistema de información pública (que es notable, en algunos casos) o al rol meramente testimonial de algunos organismos de cuentas: hay que poner en foco en la tarea de oposición, que no debe limitarse a criticar y a destruir, sino que debe hacer esfuerzos concretos por enterarse de lo que pasa. Enterarse, saber, conocer, informarse es una forma de controlar y de evitar llorar las penas cuando le toca a uno pagar las facturas.
Un intendente saliente irresponsable (por no haber hecho, por haber hecho lo que no debía, por haber ocultado, por haber abusado, por no haber repartido, por no haber invertido, etc.) no puede ser reemplazado por un intendente entrante igualmente irresponsable por no haberse enterado a tiempo de lo que se iba a encontrar.
Resetear un municipio no es una tarea fácil, sin dudas, pero hacerlo también es señal de una peligrosa falta de continuidad institucional. El interés vecinal requiere que las gestiones municipales se enlacen unas a otras y no que se destruyan mutuamente.
