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  • Palabras que engañan
  • Es preocupante que ciertos medios de comunicación utilicen la expresión «productor de modas» para describir la actividad de una persona que muy poco tiene que ver con la industria de la moda y con su noble finalidad.
Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativa

Una persona que ha reconocido en juicio haber sido contactado por políticos interesados en hacerse con los servicios de «prostitutas VIP» y que no consta en ninguna parte que frente a tal requisitoria haya respondido con un sonoro «Usted ¿por quién me ha tomado?», mantiene con el mundo de la moda una relación tan distante como la del traficante de fernet en las canchas con la industria alimentaria.



Un señor cuyo mayor talento es manejar un «portfolio» de chicas con poca ropa y que se esmera en ofrecerlas para espectáculos del más dudoso gusto, puede ser considerado seguramente un «productor», pero el uso de este nombre podría llegar a ofender a quienes se dedican a «producir» (bienes o servicios) sin sacrificio de la moral, de las buenas costumbres, y, sobre todo, sin incurrir en ningún tipo de explotación de mujeres.

Aunque el juicio penal contra este personaje todavía no ha concluido (pues no solo está pendiente su apelación de las sentencia sino una posible investigación federal por el delito de trata) y sea relativamente pronto para llamarlo «proxeneta», lo cierto es que algunos medios de prensa harían un favor a sus lectores si se abstuvieran de relacionar la industria de la moda (que es lícita y está llena de gente con un enorme talento creativo) con la actividad -no siempre transparente- de los que, sin talento ninguno, proporcionan maniquíes humanos para los desfiles de más baja categoría.



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