Lo llamativo de esta foto no es el apretón de manos en sí, sino la sobria presencia en el decorado presidencial de un muy bonito retrato del General Martín Miguel de Güemes, que aparece en lugar destacado, justo sobre la quiscuda testa del exmandatario boliviano.
Cientos de millones de lectores hispanos de El Mundo se preguntan esta tarde: ¿Quién es el apuesto barbudito del retrato que cuelga de las paredes del despacho presidencial? ¿Por qué esa belleza sudamericana no está adornando las salas más selectas del Museo del Prado? Porque, a decir verdad, el militar argentino es bastante más apuesto que el fierote de Carlos IV.
Para satisfacción de muchos -sobre todo de aquellos que ahora dicen que el general San Martín fue «un corrupto»- el retrato de Güemes parece mucho más grande que el del Padre de la Patria. ¿No era eso al fin y al cabo lo que querían los acérrimos partidarios del Héroe Gaucho?
Las amplias sonrisas de Evo Morales y Alberto Fernández se debe a que el primero le juró al Presidente argentino: «No te preocupés, Albertito. En Cochabamba vamos a atender a cuerpo de rey a los turistas que procedan de Salta».
Pero el objeto central del artículo de El Mundo también interesa a Salta por otra circunstancia.
Y esta es que nuestra Provincia forma parte estructural del «triángulo sudamericano» del litio, que -según el autor del escrito- podría dar lugar a una nueva OPEP, pero no del «oro negro» sino, esta vez, del «oro blanco».
Pero si la Argentina no se puede poner de acuerdo con Bolivia ni en el significado de la palabra «reciprocidad» en los hospitales, es dudoso de que entre los dos puedan llegan a fundar una nueva OPEP, que, de llegar a existir, se llamaría OPEL, para crear confusión con la marca de los vehículos que General Motors fabrica en Europa.