La tradicional banda castrense interpretará para la ocasión -por primera vez en su casi bicentenaria historia- el Star Spangled Banner.
Pero a diferencia de lo que ocurrió ayer con Zelenski en Washington, en el Grand Bourg, el presidente norteamericano se topará con penca.
Los nuestros no aflojarán en sus reivindicaciones soberanistas, ni que el portaaviones John F. Kennedy fondee en el río Bermejo, en proximidades de Aguas Blancas.
Tengamos en cuenta que si Güemes fue capaz de capturar una fragata inglesa en el Río de la Plata, a caballo, nosotros, sus herederos, con tres o cuatro fortines bien pertrechados y unos cuantos bagayeros flotando en gomones, podemos poner en fuga a los poderosos aviones caza de la U.S. Navy (o corromper a los marines con sustancias blanquecinas muy abundantes en la zona).
El imperativo político en lo que resta de la década, pues, es hacerle sentir a Trump el rigor salteño.
Y cuando el mandatario norteamericano quiera decirle a nuestro Gobernador esa tan remanida frase suya, con la que gusta amenazar a gobernantes extranjeros (You don't have the cards), nuestro Gobernador, como buen gaucho que es, le responderá con cara de póker: I do have the cards, Don!, e inmediatamente, para demostrarlo, se arrancará a cantar Cartas amarillas de Nino Bravo.
Trump podrá aflojarle las rodillas a los dubitativos ucranianos, pero a los gauchos ladinos de nuestros valles, ¡jamás!
