El primer indicador de sanata es el adjetivo «integral», que transmite una sólida idea de «totalidad», pero que, detrás de su sonoridad, esconde profundos baches en el diseño del aprendizaje o de la actividad que se presente como tal.
En un 90% de los casos, o quizá más, el «integrismo estratégico» no es más que un cuento.
Por ejemplo: Cuando una autoridad dice que sobre cierto asunto llevará a cabo una investigación integral, lo que está haciendo no es otra cosas que admitir que algunos asuntos se investigan seriamente y otros no tanto. O todas las investigaciones son «integrales» o no lo son ninguna.
El pensamiento «estratégico» ha dado lugar a que personas sin estudios superiores se presenten a sus congéneres como «estrategas», una profesión tan elevada como incierta e indocumentada.
Poco falta para que los nuevos «estrategas» se nos presenten también como «estagiritas» o «peripatéticos», por supuesto «integrales».
Su misión, en cualquier caso, será la de «fortalecer» determinadas políticas públicas con una sólida «narrativa», cuando en realidad lo que hace falta «fortalecer» en Salta son algunos puentes y algunas cuentas de obras públicas que no se hicieron con una tonelada de dólares que pedimos prestados, que nadie sabe dónde están, pero que estamos devolviendo religiosamente (o sea de manera «estratégica» e «integral»).