Como documenta la fotografía adjunta, publicada en la web oficial del gobierno de Salta, el señor Alghamdi, en persona, ha convidado al mandatario salteño con unos estupendos pinchos de dátiles, que aparecen señalados por la flecha en la imagen adjunta.
Venía muy bien la información oficial, sobre todo en la parte que dice que el objetivo de la reunión fue el de «estrechar lazos de cooperación y presentar las oportunidades de inversión que ofrece Salta».
Pero, al parecer, Embajador y Gobernador no solo hablaron de seguridad jurídica, fomento industrial, recursos naturales, estabilidad institucional, minerales críticos, transición energética o capacidad salteña para abastercer mercados internacionales. Es decir, de lo normal que se puede hablar en estos casos.
En la parte más sorprendente de la comunicación oficial se pueden leer estas dos perlas:
...coincidieron en la importancia de fortalecer la diplomacia pública a través de intercambios interculturales e interreligiosos [sic] como pilares para la convivencia pacífica y el entendimiento mutuo.
Sáenz subrayó que en la Provincia de Salta conviven en armonía diversas tradiciones y por ello el gobierno provincial sostiene un trabajo permanente y articulado con las distintas comunidades de fe [sic] presentes en el territorio.
No sabemos si Sáenz le habrá prometido al Embajador que el gobierno va a abrir una carnicería halal en Olacapato o que va erigir una mezquita en Pichanal, pero lo que es cierto es que ni el Gobernador ni el Embajador tienen ninguna atribución legal que les permita oficiar de interlocutores en materia religiosa.
El Embajador, porque representa en nuestro país a un Estado soberano (no a una confesión ni a una comunidad religiosa) y el Gobernador porque gobierna una Provincia formal y sustantivamente aconfesional, a tenor de lo que disponen los párrafos primero y tercero del artículo 1, y el tercer párrafo del artículo 11, ambos de la Constitución de Salta.
Por unos minutos, el Gobernador de Salta se probó el traje de Papa y de Arzobispo, en una misma reunión.
Unos buenos dátiles pueden nublar el entendimiento constitucional de cualquiera.
