El discurso del gobierno evitó la palabra "devaluación" y la reemplazó con la idea de una flotación entre bandas, con un piso —actualmente poco creíble— de 1.000 pesos por dólar y un techo de 1.400.
Así, el mercado parecería respaldar la opinión de los "econochantas" que, para disgusto del oficialismo, venían insistiendo en que el dólar estaba subvaluado.
La resolución del Board del Fondo Monetario Internacional, cerrada al final del viernes, fue un salvavidas indispensable. El Banco Central estaba utilizando reservas ajenas para sostener un esquema cambiario que claramente hacía agua, aferrado a una tablita de ajuste (crawling peg) ya desvinculada de la realidad y convertida en un obstáculo para obtener y retener divisas.
El último miércoles, la directora ejecutiva del Fondo anunció que su equipo técnico había aprobado el acuerdo con Argentina por un monto de 20.000 millones de dólares (en Derechos Especiales de Giro, la moneda del Fondo) y que solo faltaba el visto bueno del Board. Sin embargo, faltaban detalles clave del operativo (como el adelanto o las condiciones) que permitieran prever las consecuencias del acuerdo sobre la política cambiaria vigente. Probablemente debido a esas lagunas informativas, la atmósfera en los mercados locales no cambió demasiado tras el anuncio de Georgieva.
Argentina venía surfeando semanas de incertidumbre financiera. La tendencia hacia la libertad económica, la desregulación y la inserción global, que pareció consolidarse en los primeros meses de la gestión de Milei, depende casi exclusivamente del vínculo entre el presidente y la opinión pública. No existen estructuras políticas sólidas que lo sustenten, y aunque ese vínculo conserva vitalidad, las encuestas indican que atraviesa un declive. Cualquier traspié en materia de inflación —el pilar decisivo de la gestión presidencial— podría traducirse en un deterioro mayor. Toda variación en la relación peso/dólar suele reflejarse en los precios de productos y servicios, y los mercados intuían que, junto con el acuerdo con el FMI, llegarían cambios en la política cambiaria. La escasez de dólares y la constante pérdida de reservas del Banco Central en las últimas semanas alimentaban rumores de devaluación que no se disiparon ni siquiera tras la aprobación en la Cámara de Diputados, que dio carta blanca a las negociaciones con el FMI, confirmando la llegada de un préstamo "sustancioso". Desde principios de año, el Banco Central perdió 7.300 millones de dólares en reservas.
El Fondo y sus condiciones
"Hasta que no se cierre el acuerdo y, sobre todo, no sepamos cómo se modifica la política cambiaria, Argentina no tendrá tranquilidad financiera", resumió a mediados de semana Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía con Sergio Massa. A la incertidumbre doméstica se sumaba el desconcierto generado por las medidas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. "Ahora hay que esperar a que calme la tormenta —reflexionó Rubinstein—. Es difícil prepararse activamente. Tenemos una parte financiera que nos afecta bastante: está subiendo el riesgo de los países emergentes, y Argentina sube más, lo que nos aleja de los mercados para refinanciar deudas". El riesgo país superó los 1.000 puntos hace dos viernes y, aunque descendió a algo menos de 900, sigue en niveles demasiado altos para que Argentina pueda emitir nueva deuda en dólares a tasas sostenibles. Los mercados voluntarios son reticentes.De allí la creciente dependencia de la financiación política: la urgencia por los fondos frescos del FMI, la renovación (un día antes) del swap con China y el posible apoyo de organismos como el Banco Mundial o el BID. Es necesario mostrar solidez para controlar los efectos más negativos de una devaluación. El efecto Trump se superpone así a los problemas domésticos.
El amigo americano
En su discurso tras la victoria de noviembre, Trump afirmó que volvía a la presidencia con un "mandato poderoso y sin precedentes". No se equivocaba. Ganó el voto popular, obtuvo la mayoría de electores necesaria para definir la presidencia y aseguró el control de ambas cámaras del Congreso. El tercer poder, el judicial, ya tenía una mayoría conservadora en la Corte Suprema, consolidada durante su primer mandato.La sociedad votó masivamente y le otorgó un poder de enorme alcance. El presidente republicano lo ejerce con un decisionismo que se refleja en un número inusitado de órdenes ejecutivas sobre temas que van desde la inmigración hasta los impuestos y el comercio.
Las élites cosmopolitas de Estados Unidos reaccionan a este poder y, aunque intimidadas, mantienen su capacidad de difundir su escepticismo y reparos, tanto interna como externamente.
La política económica de Trump busca repatriar empresas industriales de capital estadounidense instaladas en el extranjero y atraer firmas extranjeras que, para vender en Estados Unidos, acepten producir y generar empleo allí. El principal instrumento elegido por Trump es la imposición de aranceles "recíprocos" a todos los países que exportan a Estados Unidos, con tasas especialmente altas para aquellos con balanza comercial favorable.
China es el objetivo principal, pero no el único.
Las primeras consecuencias de las medidas arancelarias unilaterales de Trump fueron caídas billonarias en las bolsas globales, empezando por las estadounidenses. Una ola de incertidumbre y pesimismo invadió los mercados y alimentó una fuerte resistencia interna: muchos grandes inversores que financiaron generosamente la campaña de Trump reclamaron, discretamente o con vehemencia, que modificara una política que parecía amenazar el comercio mundial y a las propias empresas norteamericanas.
Trump inicialmente se resistió al cambio y arengó a su frente interno: "¡No sean débiles, no sean estúpidos! ¡La grandeza viene con valentía!". Sin embargo, el último miércoles, la presión lo obligó a frenar: decidió pausar por 90 días sus castigos arancelarios globales. "La gente se estaba sobresaltando. Todos se estaban poniendo un poquito miedosos", explicó. A diferencia de Milei, su primer admirador argentino, Trump comprende que no conviene acelerar en curvas riesgosas.
No obstante, para dejar claro que la pausa no es un retroceso, mantuvo un arancel del 10 por ciento para todos los países que exportan a Estados Unidos y reforzó el aplicado a China: primero un 125 por ciento y, tras fuertes respuestas desde Pekín, incrementos adicionales. Aunque persiste el temor a una guerra comercial que cause daños indiscriminados, los mercados celebraron su propia victoria —el giro de Trump— con una fuerte recuperación bursátil y un cambio en los pronósticos: ya no anticipan una recesión en Estados Unidos, como hace una semana, sino un crecimiento del PBI de menos de un punto.
La apuesta de Milei
Para el gobierno libertario, la presidencia de Donald Trump es un combustible indispensable. Javier Milei apostó tempranamente por Trump, lo que le ha valido una cercanía que lo distingue en el ámbito continental y se ha convertido en una carta clave para un presidente que gobierna sin estructuras políticas, territoriales ni institucionales sólidas.Es notable el hiperpresidencialismo que ambos ejercen. Trump, en su primer mandato, tuvo que moderarlo por las restricciones de la democracia bipartidista estadounidense, límites que ahora se diluyen ante su "mandato poderoso y sin precedentes". El hiperpresidencialismo de Milei se ha alimentado de su conexión con la opinión pública, las vacilaciones de gobernadores y opositores legislativos, y, más ampliamente, de la disgregación del viejo sistema político y la ausencia de una fuerza alternativa superadora, no restauradora. Sus límites derivan de su escasa fuerza territorial, parlamentaria y organizativa, agravada por errores autoinfligidos que se han multiplicado en los últimos meses, al compás de la sangría de reservas y las crecientes dificultades financieras.
La Casa Rosada sufrió varios reveses en pocos días. El viernes, el INDEC anunció una inflación de marzo del 3,7 por ciento, con fuertes aumentos en alimentos, casi el doble que la del mes anterior. En el ámbito parlamentario, enfrentó dos derrotas significativas. Primero, el Senado rechazó los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, los dos jueces supremos designados por decreto. Muchos aliados advirtieron a Milei que se dirigía a una curva peligrosa, pero no redujo la marcha, y el resultado fue adverso.
Segundo, la oposición, con apoyo de sectores que solían respaldar al oficialismo, aprobó la creación de una comisión investigadora para analizar los detalles del lanzamiento de la criptomoneda Libra, un instrumento ligado a una maniobra controvertida que el presidente admitió haber promovido.
La reconfiguración
Estos reveses ocurren en el marco de los preparativos para un proceso clave para el oficialismo: las elecciones de medio término en octubre, el primer examen electoral de la gestión. Algunos comicios previos servirán de anticipo. Hoy, en Santa Fe, se eligen convencionales para una asamblea que reformará la constitución provincial. Será el debut político de Karina Milei como jefa partidaria y estratega de campaña de los libertarios. No se espera una victoria, pero quedar por debajo del tercer puesto sería considerado un fracaso.Más cerca, la elección porteña del 18 de mayo marcará una pulseada decisiva en el seno de las fuerzas de centroderecha: La Libertad Avanza busca derrotar al PRO de Mauricio Macri en su propio territorio, como primer paso para controlar el distrito en las elecciones generales de 2027.
Aunque ambos sectores insisten en que "el principal enemigo es el kirchnerismo", el macrismo y La Libertad Avanza saben que su principal rivalidad es mutua en esta elección porteña.
Karina Milei colocó a Manuel Adorni, el vocero presidencial, al frente de su lista. Convertir al vocero en concejal revela la fuerte inversión del mileísmo en la Ciudad de Buenos Aires, al atribuirle a este duelo un significado mayor que el de un simple comicio distrital.
Por el espacio que abre la pelea entre libertarios y macristas, Leandro Santoro intentará colar una candidatura opositora que, aunque nutrida por elementos elementos peronistas, kirchneristas, radicales y progresistas, se presenta como una opción poskirchnerista y parece buscar un horizonte diferente.
En cierto modo, las candidaturas de Rodríguez Larreta y del libertario disidente Ramiro Marra podrían contribuir a un eventual éxito de Santoro, ya que sus votos probablemente restarán apoyos al PRO y a La Libertad Avanza. En cualquier caso, la elección en CABA confirma el paisaje de dispersión que caracteriza la diáspora del viejo sistema político.
Como en un juego de espejos invertidos, así como Santoro podría beneficiarse en la Capital de la división entre las fuerzas violeta y amarilla, la convergencia de estas podría capitalizar en la provincia la fractura del oficialismo bonaerense entre el cristinismo-camporismo y el neokirchnerismo que intenta encarnar el gobernador Kicillof, una fragmentación que ilustra el paulatino eclipse del liderazgo de Cristina Kirchner y el retroceso de su fuerza política en su último bastión, la provincia de Buenos Aires.
La disgregación del sistema político, que temporariamente ha favorecido a Javier Milei, revela, en una perspectiva más amplia, un cuadro de vulnerabilidad nacional. El presidente argentino tiene pocas bases sólidas donde apoyarse, lo que explica su euforia trumpista: la Casa Blanca aparece como un sostén firme para la Casa Rosada. Trump enviará la próxima semana a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, como emisario, alimentando la idea de que Washington podría sumar un respaldo adicional a la ayuda del FMI.
El fin de un esquema cambiario intervenido y con cepo abre una etapa de expectativas distintas. Se trata de controlar la inflación con nuevos instrumentos en un contexto de competencia electoral, gran turbulencia y un enigmático dinamismo en el escenario mundial.
Paralelamente, se observa una fluida reconfiguración política local, que se manifestó con la irrupción del fenómeno libertario, pero que probablemente no culmina con él.
