España ha pasado una noche de Halloween sombría, con pocos niños tocando los timbres de sus vecinos, y sumida en un sentimiento de congoja que se mezcla con la incredulidad por la extraordinaria magnitud de una tragedia, que ha golpeado con inusual violencia a unos pueblos y ha dejado casi intactos a otros muy cercanos.
Pero al lado de la solidaridad -sea organizada o espontánea- el desastre está siendo aprovechado por delincuentes que roban joyerías, asaltan comercios abandonados, saquean casas siniestradas y se introducen en coches arrastrados por la corriente, aun con los cadáveres de sus conductores dentro. De esto, felizmente, ya se están ocupando la Policía y la Fiscalía.
Entre los dos extremos se intercala una cierta frivolidad, que, según algunos, está siendo alentada desde las redes sociales.
Hoy viernes 1 de noviembre es festivo en España y los trabajadores tienen tres días de descanso por delante. Las autoridades que están coordinando las actividades de rescate, que trabajan febrilmente en la restitución de los servicios públicos interrumpidos (básicamente, el agua, la luz, el transporte y las comunicaciones) y que planifican la reconstrucción, están pidiendo a los ciudadanos que no viajen a Valencia a «curiosear» y a hacer fotos de la catástrofe, simplemente por placer morboso o con la remanida excusa de que los medios de comunicación «no muestran todo lo que se necesita saber».
Para dar una medida de la gravedad de la situación, también se ha pedido que no se viaje a Valencia ni siquiera ayudar y que se deje a los servicios públicos hacer su trabajo.
Parece mentira, pero en medio de tanta desolación, mientras familias enteras lloran a sus más de 160 muertos y mientras la gran mayoría de ciudadanos se empeña en ayudar a paliar la tragedia, hay quien encuentra excitante subir a su Instagram un vídeo de pueblos arrasados por el agua.
Así como en la noche de anoche no hubo un Halloween al uso, que el fin de semana largo que tenemos por delante no sea uno en el que el egoísmo y la frivolidad tomen el relevo del recato y la solidaridad, tan necesarios el uno como el otro en estos momentos.