En la dirección web https://www.justiciasalta.gov.ar/es/prensa-detalle/oran-prision-efectiva-y-resarcimiento-economico-por-el-homicidio-de-chapaco-valdez-cari, la Corte de Justicia de Salta informa hoy de la condena que un tribunal colegiado de la ciudad de la Nueva Orán ha pronunciado contra los responsables confesos del homicidio de un ciudadano llamado Mario Marcelino Valdez Cari, a quien la misma información identifica por su apodo de Chapaco.
Las palabras «mejicanear», «mejicaneada», «mejicanero» o «mejicaneo» no están recogidas en el Diccionario de la Lengua Española, como sí sucede, en cambio, con algunas otras que han nacido y se emplean en el lunfardo.
En la jerga original, «mejicanear» significa algo así como «robar a un ladrón», o, más precisamente, «apropiarse del botín de un ladrón o de un contrabandista».
Como otras palabras que aluden a una nación o a una raza, el vocablo «mejicanear» tiene evidentes connotaciones negativas, y es por esta razón que en más de una ocasión nos hemos preguntado acerca de la conveniencia de su uso, no tanto en el habla coloquial, sino en informaciones periodísticas a las que se supone revestidas de una mayor formalidad o corrección, como las que suministra a los medios la Corte de Justicia de Salta.
Hace pocos años, varios integrantes de la comunidad judía de Valencia, España, enviaron cartas a la Real Academia Española para reclamar la eliminación del Diccionario de la palabra «judiada», definida en el DRAE como «mala pasada o acción que perjudica a alguien». Algunos judíos españoles consideran a esta palabra ofensiva. Es muy probable que los ciudadanos mexicanos experimenten lo mismo con la palabra «mejicanear».
La petición de los judíos de Valencia, efectuada en un primer momento a título individual, fue posteriormente respaldada por la Federación de Comunidades Judías de España, que ha señalado que «judiada» -que, a diferencia de mejicaneada, sí figura en el DLE- «es una acepción negativa respecto al pueblo judío y un prejuicio que va en contra de las normas de la buena convivencia».
También se ha pronunciado al respecto el Observatorio de Antisemitismo en España, para el que la palabra «judiada» es ejemplo de las «huellas y residuos del odio que se han transmitido a lo largo de la historia».
Salvo el uso tradicional, que es importante en la consolidación de los usos del idioma (pero no decisivo para el mantenimiento de las palabras en un determinado acervo léxico), nada hay que justifique el empleo de la palabra «mejicaneada», que, al igual que «judiada», podría llegar a tener connotaciones negativas y hasta un significado peyorativo, que afecta al decoro y la dignidad de personas que habitan o que han nacido en México.
Pero, con independencia de lo que puedan sentir o no sentir los nacionales mejicanos, un elemental reflejo de respeto y de prudencia aconseja no emplear esta palabra a la hora de difundir información pública.
Es muy probable que si la lengua que hablamos favoreciera en algún momento la difusión de una imagen estereotipada de los argentinos, a través del empleo de una palabra -como, por ejemplo, «argentineada», los primeros en reaccionar serían los propios argentinos y de una forma no precisamente cordial.
A pesar de lo que puedan pensar quienes utilizan la palabra «mejicaneada», pocas dudas caben acerca de que el término ha evolucionado de las definiciones del lunfardo para convertirse en una herramienta que deshumaniza y distancia, en un peyorativo claramente descortés.
Para completar el cuadro del mal gusto, la misma información de la Corte de Justicia de Salta identifica a uno de los condenados en el juicio por su indecoroso alias de «Tontito», lo cual, además de ofensivo y fuera de contexto, era absolutamente innecesario, habida cuenta de que el hombre condenado aparece mencionado en la sentencia con su nombre y su apellido.
