Por su parte, se pueden llamar «nación», a secas, los casi doscientos países independientes de la Tierra regidos cada uno por un gobierno común; sin contar con que también reivindican el uso de este antiguo nombre determinados pueblos, asentados o no sobre un territorio, que están conformados por personas que tienen un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.
Aun si diésemos por bueno este uso incorrecto de la terminología, cuando hablamos de «provincia» lo hacemos casi siempre en contraposición a «nación»; es decir, jamás para referirse en solitario a las instituciones propias de cada una de ellas.
Pero los que redactan las noticias en la página web del gobierno de Salta no saben esto. Y, si lo saben, hacen notables esfuerzos para que no se les note.
Hoy mismo, esta página -que pagan generosamente todos los salteños con sus impuestos- dice que «Provincia [sic] presentó al Consejo Económico Social el proyecto de Ley de Administración Financiera».
En la ocasión no presentó nada «provincia» (sino que lo hizo Dib Ashur) y la entidad que sufrió la presentación era el Consejo Económico y Social local; es decir, no era «nación».
El que hizo la presentación de marras fue el Ministro de Economía y Servicios Públicos del gobierno provincial de Salta, señor Roberto Dib Ashur, que no es «provincia» ni puede aspirar a representar a esta entidad estatal, pues una cosa como esta solo la puede hacer su jefe directo, el gobernador Gustavo Sáenz, y siempre hacia afuera, nunca hacia adentro.
«Provincia» es una realidad sociológica compleja que no solo comprende al poder del gobierno, sino también al territorio y, fundamentalmente, a las personas que en él viven. Por tanto, decir que Dib Ashur es «provincia» comporta una simplificación inadmisible y un puntito de totalitarismo.
Por otro lado, si el Consejo Económico y Social algo es, esto es «provincia»; es decir, no es una entidad descolgada del firmamento institucional de la Provincia de Salta, entre otros motivos porque este consejo debe su existencia a la misma Constitución que confiere vida y causa a la organización política del Estado provincial. La misma que, por cierto, juró solemnemente observar el señor Dib Ashur en su momento.
Está claro que «provincia» no es «nación», pero más claro todavía es que «provincia» tampoco es «gobierno». Vamos, que ni siquiera es «Poder Ejecutivo», por lo que pretender que «provincia» sea solo «un ministro» no es solo una licencia poética de gusto muy discutible sino que es, específicamente, un atentado a la Constitución.





