La página web del gobierno provincial reproduce parte de la exposición del ministro salteño y recoge dos frases muy intersantes.
“Argentina puede duplicar su Producto Bruto Interno a través de sus provincias. Actualmente solo tres provincias representan el 70% del PBI”.
Esta afirmación es contradictoria en sí misma. Primero da a entender que las «provincias» no participan en la creación del producto interior bruto y que, si lo hicieran, con solo chasquear los dedos, la riqueza nacional se duplicaría.
Pero inmediatamente dice que “solo tres provincias representan el 70% del PBI”. Es decir, tres provincias que, al parecer, no son «provincias».
El que un tercio de la riqueza nacional sea producido por esas «provincias» olvidadas y ninguneadas ¿es culpa del egoísmo de las otras tres, o de la escasa productividad de las veintiuna restantes, que no logran eludir la trampa de la pobreza?
Si solo tres provincias producen dos tercios (y un poco más) de la riqueza nacional quiere decir que, de algún modo, estas tres provincias «ricas» están transfiriendo de forma solidaria recursos a las provincias «pobres». De otro modo, el país hace rato que hubiera estallado.
Ha dicho también el ministro que
«Las regiones del norte cuentan con energía, economía del conocimiento, turismo, minería y agroindustria para aportar de manera decisiva al crecimiento nacional».
¿Qué ha querido decir el ministro con esto? ¿Que las regiones del Norte actualmente no aportan al crecimiento nacional? ¿Que esperan un señal para empezar a hacerlo? ¿O que no lo hacen de manera «decisiva»?
Porque, si teniendo todas estas cosas maravillosas (energía, economía del conocimiento, turismo, minería y agroindustria), las provincias del Norte se las guardan para sí y no las comparten para apuntalar el «crecimiento nacional», las egoístas son ellas y no las tres provincias más «ricas».
También ha dicho Dib Ashur:
“La discusión entre unitarios y federales terminó, es necesario que todos nos desarrollemos”.
Dejando a un lado el hecho de que la discusión entre unitarios y federales sigue más viva que nunca (la presencia de Dib Ashur en Buenos Aires es una prueba irrefutable de ello), es verdad que es necesario que «todos nos desarrollemos». Pero en ninguna parte de nuestros textos fundamentales dice que es necesario que «todos nos desarrollemos igual y al mismo tiempo».
No importa cuán unitarios o federales seamos, ningún país –menos uno tan grande como el nuestro– se desarrolla de manera uniforme y simultánea de un extremo al otro. Siempre habrá regiones más prósperas que otras. Las menos prósperas, en lugar de lamentarse, deben luchar por alcanzar mayores niveles de desarrollo por sí mismas, sin tener que depender de las otras para lograrlo.
Dib Ashur aspira a que Salta «se desarrolle» como Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba. ¿Por qué en cambio no piensa que Salta puede desarrollarse como Luxemburgo, como Cataluña, como la región industrial de Kaesong en Corea del Sur, o como la zona económica de Chengdu-Chongqing? Poca ambición parece tener nuestro ministro. De su discurso se desprende que lo máximo a lo que aspira es a una Salta «próspera», pero pastoril, como cuando se exportaban mulas al Potosí.
En definitiva, el contradictorio discurso de Dib Ashur parece profundizar inconscientemente en la maldición periférica que lastra el despegue de la economía de Salta y del Norte argentino en general.
