De resultar aprobada esta nueva ley, los salteños y las salteñas ya no podrán maquillarse, ni siquiera afeitarse. Y no digamos nada de las cirugías estéticas, las rinoplastias, las blefaroplastias o las inyecciones de bótox. Otro atentado más a la libertad de expresión, facial, en este caso.
Los y las stone face de Salta quieren prohibir las face new. De allí a intentar prohibir también las moon phases o los motherfuckers hay un solo paso.
Pero resulta ser que alguien tira una piedra en una ruta federal y la policía provincial arma un gran escándalo porque dice que quien debe reprimir es la Gendarmería. Los fiscales federales se pelean con los provinciales por minucias jurisdiccionales, pero cuando se trata de proteger a los funcionarios públicos no hay federalismos ni competencias delegadas que valgan. Nuestros diputados y nuestras diputadas arremeten contra las normas como los bulldozers amarillos que denuncia Greenpeace en los bosques del Chaco Salteño.
Si este extraño proyecto sale adelante, habría que pensar en declarar el 1 de agosto no el día de la Pachamama sino el nuevo día del orgullo para que salteños, salteñas, turistas y turistos, en vez de quemar basura y de sahumar sus hogares, salgan a la calle ruidosamente con una camiseta que diga: «I'm proud of my new face».
Cuando tal cosa suceda (y si Del Pla no se apropia de la movilización), nos podrán castigar por tres contravenciones juntas: por face new, por fake news y por motherfuckers.
