De la reunión me ha sorprendido el que los empresarios locales se hayan mostrado más preocupados por los componentes políticos del conflicto, más que por sus causas o consecuencias económicas.
Y escribo esto convencido de que el análisis económico puede arrojar una luz reveladora sobre las causas y consecuencias del malestar social y que, en consecuencia, es deber, tanto de los que gobiernan como de los agentes sociales, hacer el esfuerzo de encontrar alguna explicación o hacer alguna previsión del escenario al que nos enfrentaremos en los próximos seis a dieciocho meses.
Prueba de que Salta no aprende las lecciones del mundo es el hecho de que la inercia de la profesión económica a la hora de responder a las protestas sociales de alto perfil, que de alguna forma ha empezado a ser superada en otras partes del mundo, en Salta continúa como si nada estuviera sucediendo. Si hasta hace poco el análisis económico cuantitativo riguroso del malestar social era escaso en otros países, con evidencia limitada a casos aislados, en Salta -a pesar de la que está cayendo- sigue siendo nulo.
Midiendo el malestar
Las reflexiones que siguen toman como base el estudio pionero sobre la economía de los conflictos sociales, publicado en agosto de 2021 y que lleva la firma de los economistas Philip BARRET y Sophia CHEN.Los autores nos dicen que un desafío clave a la hora de investigar el malestar social, entendido como protestas generalizadas, disturbios y otras formas de desorden y conflicto civil, consiste en identificar cuándo ocurrieron tales eventos y, a partir de allí, intentar una comparación con los sucesos ocurridos en otros países. La tarea no es fácil, en parte porque muchas de las fuentes de información disponibles son esporádicas o inconsistentes en su cobertura.
Para intentar superar estas deficiencias BARRET y CHEN han diseñado el llamado Índice de Malestar Social Informado (IMSI), que está basado en la cobertura de prensa de este tipo de sucesos. La importancia de una prensa libre y de calidad se pone de manifiesto un vez más en asuntos relacionados con la democracia y el bienestar.
Esta herramienta muestra que los grandes disturbios sociales son raros. La probabilidad de que un país los experimente en un mes determinado es solo del 1 por cien, en promedio. Pero este riesgo se cuadruplica si un país ha experimentado un evento de malestar social en los seis meses anteriores y se duplica si lo ha hecho un país vecino.
Antes de la pandemia de COVID-19, la frecuencia de los disturbios sociales había aumentado de forma significativa. A finales de 2019, los disturbios que se produjeron tanto en América del Sur como en el Medio Oriente hicieron que la cantidad de eventos de este tipo fuera la más alta en tres décadas. Y aunque la combinación de restricciones de actividad y abstención voluntaria de reuniones masivas (ya comentadas en un artículo anterior) provocó que los disturbios cesaran casi por completo durante la primera ola de la pandemia, lo que estamos viendo ahora es un resurgimiento de los conflictos, favorecidos, en parte, por el levantamiento de las restricciones.
Las causas económicas
Pero a pesar de que el IMSI proporciona una imagen sólida del momento en el que ocurren los disturbios sociales, la tarea de identificar los factores subyacentes es bastante más compleja.Una comparación entre la evolución cuantitativa de los disturbios sociales y la desigualdad sugiere que aunque ésta ha aumentado lentamente en las últimas décadas, no ha empeorado significativamente durante el mismo periodo, al menos de una manera que explique el reciente aumento del descontento. Por tanto, atribuir los disturbios y el malestar social a factores económicos, como la desigualdad, es una explicación probable pero no totalmente satisfactoria.
Para profundizar en las causas de las revueltas, científicos como Sandile HLATSHWAYO y Chris REDL han utilizado herramientas de Inteligencia Artificial que les han permitido evaluar la capacidad de más de 340 indicadores económicos y sociales para predecir disturbios. El hallazgo central de estos investigadores es que la agitación pasada, tanto a nivel nacional como en los países vecinos, es, con mucha diferencia, la variable más importante para predecir conflictos futuros. Según este estudio, mirar hacia el vecino es aproximadamente diez veces más informativo que estudiar los factores económicos o sociales más reveladores.
Una primera conclusión del estudio de las causas de las protestas sociales masivas es, por tanto, que los factores que indican que otros están más dispuestos a protestar, deben buscarse más en las protestas pasadas o en las que ocurren en países vecinos culturalmente similares, pues estas pueden actuar como señales de coordinación.
Esto no quiere decir, sin embargo, que los factores socioeconómicos sean irrelevantes. Los precios, particularmente el de los alimentos y el combustible, parecen ser especialmente importantes.
Otros factores identificados como predictivos de disturbios son el acceso digital y la penetración de las redes sociales, lo que sugiere que la capacidad de comunicarse y coordinarse a gran escala podría ser esencial para la organización y puesta en marcha de la actividad de protesta.
Las consecuencias económicas y financieras
Los factores económicos juegan un papel mucho más destacado cuando se trata de analizar las consecuencias de los disturbios.Economistas como HADZI-VASKOV han identificado un vínculo estrecho entre el malestar social y el desempeño económico posterior. En promedio, los principales disturbios son seguidos por un 1 por ciento de reducción del PIB seis trimestres después del evento. Estos estudios demuestran que los disturbios motivados por factores socioeconómicos aparecen asociados con contracciones del PIB más pronunciadas que los disturbios relacionados con motivos políticos. Sin embargo, los eventos desencadenados por una combinación de ambos factores se corresponden con contracciones aun más pronunciadas del PIB.
Tomados al pie de la letra, estos resultados podrían significar una de estas tres cosas: 1) que el malestar social impide el crecimiento; 2) que el malestar social es causado por el bajo crecimiento; o 3) que el malestar y el bajo crecimiento son provocados por otra causa diferente, como la austeridad fiscal.
Los expertos dicen que la primera explicación es probablemente la más plausible porque el vínculo entre el malestar social y el crecimiento se mantiene, independientemente de si el país estaba experimentando un bajo crecimiento o austeridad fiscal antes del malestar.
Pero este estudio ha hecho un hallazgo, a mi juicio, todavía más trascendente y este es que en aquellos países con instituciones más abiertas y democráticas, los disturbios sociales tienen un impacto insignificante en los rendimientos del mercado de valores y, por tanto, en el desempeño general de la economía. Sin embargo, en países con regímenes más autoritarios, el efecto es grande y negativo: en promedio, los rendimientos del mercado de valores caen un 2 por ciento en tres días y alrededor de un 4 por ciento en el mes siguiente. BARRET llega a la conclusión de que un estado de derecho más fuerte amortigua el efecto adverso de los disturbios sociales en el PIB.
En otras palabras, que en países con altos estándares de gobernabilidad, el malestar social no genera un mayor desacuerdo o más incertidumbre sobre las perspectivas económicas, lo que de alguna manera habla de la capacidad de reconciliar opiniones divergentes y encontrar compromisos.
Es esto, precisamente, lo que debería preocupar a los principales agentes económicos de Salta, con el gobierno a la cabeza, puesto que la ausencia casi total de la capacidad de conciliar las opiniones divergentes y la nula disposición para encontrar compromisos estables y duraderos nos alertan de que Salta carece de la flexibilidad necesaria para evitar que el malestar social y las protestas masivas no proyecten, a corto plazo, consecuencias muy negativas sobre nuestra economía.
