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  • Un discurso acomplejado y preperonista
  • El candidato de Intendente Municipal de la ciudad de Salta se ha reunido con un grupo de sindicalistas que se congregaron en la sede de los gastronómicos, a los que ha intentado convencer con el argumento de que él «cree en respetar y valorar a los trabajadores».
Encuentro entre Emiliano Durand y sindicalistas
Encuentro entre Emiliano Durand y sindicalistas
¿Es este el mejor argumento para pedir y obtener el respaldo de los sindicatos? Quien se presenta al movimiento obrero con una declaración semejante se aproxima mucho a aquel que hace esfuerzos por convencer de sus buenas intenciones diciendo que solo ayer aprendió que hay que respetar a la madre.


El respeto al trabajo y a los trabajadores, así como su valoración, no es una elección para ningún político de Salta. La Constitución provincial y los 82 convenios y 2 protocolos de la Organización Internacional del Trabajo ratificados por la República Argentina desde junio de 1919, contienen una amplia variedad de normas imperativas que obligan al Estado -y a los políticos- a respetar y valorar a los trabajadores.

Por tanto, comparecer ante un grupo de sindicalistas y decir que uno «cree en respetar y valorar a los trabajadores» no solo es superfluo sino que también es contraproducente. Entre nosotros, la dignidad del trabajo no es algo que dependa de las creencias personales o de la mayor o menor sensibilidad de los gobernantes. Es una imposición constitucional ineludible.

Probablemente le habría bastado a Durand con asumir el compromiso de cumplir con todas las normas que protegen y promueven el trabajo asalariado, más que hacer profesión de fe de su «respeto» y de su «valoración» de la clase obrera. Este tipo de declaraciones solo la pueden hacer los que padecen algún tipo de «complejo de patrón», una manifestación clasista/paternalista, muy propia de aquel que piensa que el reloj de la evolución social se ha detenido en las postrimerías del siglo XIX.

La afirmación de Emiliano Durand en el sentido de «respetar» y «valorar» suena, pues, a balbuceo preperonista, que, más que halagar a los sindicalistas, debería ofenderlos profundamente.



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