Nadie impuso por decreto ni ley alguna el “pijama party”, ni Halloween ni menos el “baby shower”, se fue metiendo en la piel cultural argentina invadiendo todo, desde lo estético a lo semántico, desde Buenos Aires a todo el territorio nacional.
Productos individuales de poca monta y menor precio. Somos apenas una imitación caricaturesca de un país decadente y obnubilado por la cocaína y el fentanilo.
En este momento nuestro país sufre como todos los pueblos del planeta una dura campaña de aculturación por parte de intereses económicos que desean implantar la cuestión del consumo inhumano en contra de todo aquello que lo contradiga.
El Black Friday y el Cyber Monday está tan fuertemente instalado en nuestra rutina comercial que ya no se distingue si es propio o ajeno. Pero, hilando fino, va más allá de lo económico, más bien se logra la colonización de las mentes.
Corriente globalizadora que no contiene Dios, ni ídolo, ni tabú, regida por el vacío trágico, la nada al servicio de la decadencia. Idólatra del individualismo, anulando los puntos de referencia, destruyendo los sentidos únicos y valores superiores; es una cultura despersonalizada donde predomina el derecho de realizarse por encima de los demás y que muestra el abismo del consumo hiperbólico y autodestructivo como único camino de felicidad y realización. Una indiferencia aterradora ante el sufrimiento del prójimo, la muerte de las solidaridades y de la caridad. Y lo peor de todo: la banalización irresponsable de todos estos males.
Esos niños que hace ya unos años se disfrazaban y que siguen deambulando por los espacios comunes de los edificios pidiendo dulces, muy divertidos en esta práctica sin sustento tradicional ya tienen 16 años o más y votan como votan… Ciudadanos del apocalipsis argentino, donde la hibridación cultural es una cruel rutina, seres sin alma, credo, pasión ni razón. Un peso muerto de la historia, donde todo pasa por una pantalla pero nada pasa en realidad.
Hoy aburridos, bucólicos y enajenados seres, transitan motorizados por las infinitas autopistas de la nada y de la meta que no llega a ninguna parte. Hoy los niños y los adolescentes sufren el desconsuelo de no tener un proyecto de vida. Hoy se están matando… y al parecer a nadie le importa…
Este es el neo-capitalismo que nos induce la cipayería irresponsable, que lejos de ser ingenuos, nos empujan, como quien no quiere la cosa, al abismo.
Pienso que hay que tomar partido, posición y protagonismo. Con responsabilidad, valentía y altruismo.
En primer lugar saber que existe una cultura propia que se compone, no solamente de costumbres, manifestaciones artísticas y visiones, sino sustancialmente de valores.
En segundo lugar, comprender que la supervivencia como pueblo depende de la defensa de nuestra soberanía cultural.
Por último, promover la endocultura para nuestros niños, puesto que la educación es el arma y el escudo más formidable que existe, ya que nadie puede amar lo que no conoce y menos defender lo que no ama.



