No son tiempos de echar las campanas al vuelo y andar alardeando de aumentos de salarios. Para el combate contra la inflación, aumentar los salarios es tan malo como comprobar cómo aumenta el aceite en las góndolas de los supermercados. La intendenta Bettina Romero no sabe lo que significan conceptos como «moderación salarial» o «pacto de rentas» en la compleja terminología de la lucha antiinflacionaria.
Estamos muy orgullosos de comunicar que en la ciudad de Salta daremos un 13% de aumento salarial adicional para nuestros trabajadores municipales.
— Bettina Romero (@RomeroBettina) October 26, 2022
✅Alcanzaremos este año 2022 un 93% de aumento salarial acumulado.
Pero vayamos a lo que interesa, que es el «maternalismo» de la Intendente Municipal de Salta que dice que «dará» a los trabajadores algo que los trabajadores se han ganado con su esfuerzo, en la mesa de negociación colectiva o en cualquier otro sitio, y que no es ninguna concesión graciosa, ni de la Municipalidad ni de la señora Romero.
«Sus» trabajadores municipales no son suyos. ¡Ya quisiera ella! Para empezar, los trabajadores y trabajadoras son de ellos mismos, y solo después están al servicio del que habita la ciudad; pero no al servicio de la Intendenta, ni de su familia, como podrían estar los sufridos trabajadores del diario El Tribuno. No tienen derecho a que se los trate igual, pero sería interesante saber si los que compran trapos limpios en el complejo de Limache también han recibido un aumento del 93% en sus sueldos.
Por supuesto, la Intendenta le echa la culpa de la inflación al gobierno nacional y dice que «hacen falta gobiernos que cuiden las cuentas públicas», sin fijarse, por supuesto, que el aumento del 93% de los salarios municipales para 2022 no revela precisamente un exquisito cuidado de los recursos de la Municipalidad de Salta. Más bien, todo lo contrario.
Convendría aclarar que no es la Intendente Municipal sino el erario el que paga el salario de los trabajadores municipales y que no es ni su generosidad ni su flexibilidad la que ha posibilitado el aumento: o bien ha sido la presión inflacionaria, o la presión de los sindicatos de trabajadores municipales, más descontentos con las formas de estanciera californiana de la intendenta que con la pérdida del valor adquisitivo de sus sueldos.
El anuncio triunfalista de la señora Romero se inscribe en su interminable y eternamente sonriente campaña para su reelección en el cargo. Pero se inscribe también en una línea de manifiesta irresponsabilidad, por cuanto la inflación que castiga a las familias más desfavorecidas no es solo una inflación de precios sino también de salarios. Salir a festejar el aumento -como lo ha hecho Romero- es no tener la más pálida idea de cómo se combate la inflación ni del impacto que tiene el gasto público improductivo en su crecimiento.