El caso es que, de acuerdo a la información periodística publicada, el Tribunal Electoral ha resuelto desestimar la impugnación formulada por el partido La Libertad Avanza contra el nombre de la coalición Frente Liberal Salteño por Salta Libre, confirmando el legítimo uso de esta última denominación por quienes la han registrado.
Según el secretario del TE, señor Pablo Finquelstein, para resolver la primera de las disputas se ha tenido en cuenta que «los términos como 'liberal', que refieren a ideologías políticas, no pueden ser de uso exclusivo de una sola fuerza, ya que esto iría en contra del principio de representatividad de los partidos».
Es decir que, según el señor Finquelstein, pueden llamarse «liberales», tanto los antisaencistas de La Libertad Avanza como los prosaencistas del Frente Liberal Salteño por Salta Libre.
Pero lo que vale para «liberal» parece que no vale para «peronista».
Si «los términos que se refieren a ideologías políticas» no pueden ser de uso exclusivo de una sola fuerza, ¿qué problema habría que dos partidos lleven el nombre «peronista» en su denominación? ¿O es que «peronista» no es una ideología?
Si fuese esta la disputa, el caso no debería ser resuelto por el señor Finquelstein sino por Destutt de Tracy, o por Karl Marx. Son ellos y no el Tribunal Electoral de Salta los que deben decidir qué es ideología y qué no.
En realidad lo de los dos «Frentes Peronistas Salteños» era un problema de homonimia que debió resolverse asignando a los dos frentes un nombre diferente, pero que pudiera conservar el adjetivo «peronista», ya que el mismo Tribunal Electoral dice que, por respeto al principio de representatividad de los partidos (que vaya uno a saber lo que es eso, porque en Salta los partidos no representan nada) tal nombre «no es de nadie y que puede ser usado por todos».
Si esta es la forma que tiene el Tribunal Electoral de solucionar las disputas de nombres, que Dios nos coja confesados.