Es verdad que una buena parte del problema nace de alguna superficialidad gubernamental, que debería desaparecer y sobre el cual las autoridades deberían reflexionar seriamente.
Pero el problema es mucho más notable y más grave cuando son los medios de comunicación los que, sin reparar en la dimensión cristiana de la Semana Santa y sin reflexionar sobre su hondura espiritual, caricaturizan a Salta como un lugar «lleno de fe», o el lugar ideal para una «escapada de fin de semana XXL» en donde se pueden saborear «unas exquisitas humitas».
Salta «llena de fe» (así expresado) no se diferencia mucho de Salta «llena peñas folklóricas».
La Semana Santa en Salta nunca ha sido un espectáculo de masas. Y no solo porque la Iglesia local se haya negado siempre a ello, sino también porque la inmensa mayoría de la feligresía salteña vive esta Semana en un clima de reflexión, oración, participación litúrgica y acciones concretas de caridad.
Decididamente no se puede promocionar los «atractivos» de la Semana Santa salteña con el mismo lenguaje y las mismas técnicas de marketing con que se anuncian los festivales de carnaval o cualesquiera otras manifestaciones culturales.
Sin dudas que la Semana Santa salteña tiene un valor cultural excelso; pero su cuidado y promoción no debe desatender nunca el valor que esta celebración tiene para los que profesan la religión católica. Para ellos, la Semana Santa les ayuda a crecer en la Fe y les permite experimentar la alegría de la Resurección.
