No creo que un asunto tan importante para los argentinos como la defensa de los derechos soberanos del país sobre las Islas Malvinas, o la exaltación de la valentía y heroísmo de quienes combatieron en 1982 deba reducirse a una exposición de maquetas de barcos de guerra, aviones de combate y uniformes militares, que parece más destinada a entusiastas del modelismo a que a ciudadanos interesados en la historia y en el Derecho.
No veo ni lógico ni razonable que quien promocione esta exposición belicista sea la Secretaría de Cultura del gobierno provincial de Salta, y menos el mismo día en que anuncia el 48º Abril Cultural Salteño como «una invitación a reflexionar sobre la paz, la solidaridad y la tolerancia a través del arte».
Creo sí en una pedagogía consistente sobre las Islas Malvinas, desligada de cualquier elemento bélico. Creo que la memoria de quienes murieron en las islas o el honor de quienes consiguieron volver se debe valorar y defender solo con argumentos pacíficos.
Confundir la evocación de nuestros históricos derechos con un episodio bélico es algo que viene propiciado -lamentablemente- por la institución de un feriado que, como el 24 de marzo, recuerda una fecha muy cara al sentimiento de quienes en 1976 arrebataron al pueblo argentino el control de sus instituciones y tomaron las armas contra sus semejantes.
Hago votos por que las futuras generaciones no se eduquen en el belicismo (que no sea el Estado el que propicie y aliente esta educación) y que la de las Malvinas sea una causa que convoque a todos los que creemos en la paz y en la justicia.


