Con esta autoridad que confiere la militancia combinada con los años (don Walter tiene casi la misma edad que yo), el peronista histórico nos cuenta que cuando asumió la «conducción» del PJ salteño el señor Esteban Amat Lacroix le pidió sacar del partido a «personas que le hicieron mucho daño al peronismo».
El caso es que el señor Amat Lacroix no le hizo caso y hoy el Partido Justicialista es la casa común de un puñado de peronistas y de una vasta grey de antiperonistas disfrazados de peronistas. Muy bien lo ha visto Wayar.
El exvicegobernador se refiere a pseudoperonistas «que creen que saben de política y lo único que hicieron fue ser totalitarios, abusando de la amistad con el Gobernador para hacerse los manda más».
En la entrevista que leí, Wayar no menciona a nadie por su nombre, pero tranquilamente podría haber mencionado el del propio Esteban Amat Lacroix, que sin dudas estaba muy lejos del peronismo cuando Wayar, en 1982 y con solo 24 años, se acercó a la Lista Amarilla de Carlos Caro en la durísima interna que lo enfrentó con Roberto Romero. Eran las épocas en que don Wayar llevaba la estación de servicio del ACA en Cachi.
Ni falta hacía que Wayar los individualizara, pues inmediatamente vinieron a la mente de muchos los apellidos Calletti, Outes o Vega. ¿Peronistas de la primera hora?
Lo que en cualquier caso se debe celebrar es que, pasados aquellos «años locos», Walter Wayar distinga nítidamente a los verdaderos peronistas de los que se falsifican para pasar por tales.
Porque, a decir verdad, don Wayar no había desarrollado tal habilidad cuando, después de la interna de agosto de 1983, se pasó con armas y bagajes al bando romerista y reverenció a su entonces líder como «el verdadero peronismo histórico», olvidándose de quien le tendió la mano para ingresar a la política.
Ahora, para Wayar, todos en su partido son «tibios». Y lo son especialmente con el gobierno de Javier Milei, con el que -se supone- los peronistas de Salta deberían ser más «calientes».
Más o menos -digo yo- con el mismo «ardor» que abrasó las entrañas del señor Wayar durante los 12 años que fue Vicegobernador de Juan Carlos Romero y apoyó sin pestañar todas las medidas antipopulares (y antiperonistas) que Romero adoptó entre 1995 y 2007, de las que solo mencionaremos la prolongación y el refuerzo de la emergencia económica y el despido de muchísimos trabajadores públicos que había designado el gobierno de Ulloa.
Insisto: es un alivio que Wayar -otra vez- haya cambiado de opinión.

