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  • Sáenz, contundente
  • La expresidenta ha sido veloz para intervenir el Partido Justicialista de Salta, pero ha guardado silencio y se ha mostrado indiferente frente al drama de miles de salteños humildes desplazados por la crecida del Pilcomayo.
Gustavo Sáenz y Cristina Kirchner - Imagen generada por AI
Gustavo Sáenz y Cristina Kirchner - Imagen generada por AI

Esta situación tan particular no ha pasado desapercibida por el Gobernador de la Provincia de Salta, Gustavo Sáenz, que ha salido al paso de las críticas de Kirchner a los diputados nacionales por Salta que votaron a favor de las medidas adoptadas por el presidente Javier Milei.


Sáenz ha aprovechado la ocasión para recordar que mientras su gobierno se empleaba a fondo para minimizar el impacto social de la crisis del río Pilcomayo, Kirchner intervenía el PJ de Salta y el de Misiones, sin hacer el más mínimo gesto de empatía hacia los salteños afectados por la crecida, ni hacia los que intentaban conjurarla.

El Gobernador de Salta ha dicho -una vez más- que prefiere el diálogo a la confrontación y que los diputados nacionales afines a su línea política solo han «dado gobernabilidad» a un Presidente elegido democráticamente por «la gente».

Sin embargo, el mandatario ha criticado por igual a oficialistas y opositores a nivel nacional, porque ninguno ha arrimado el hombro para ayudar en la crisis del Pilcomayo, que afectó principalmente a poblaciones indígenas que sirven para hacer bandera en Buenos Aires y que suelen ocupar grandes espacios en el discurso «políticamente correcto», pero de los que nadie se preocupa, ni se ocupa, cuando las papas queman.

«El país no empieza ni termina en Buenos Aires», ha recordado Sáenz, ahondando en su crítica hacia la perfidia centralista del puerto, ofuscado por sus propios problemas. Quizá porque la ocasión le era propicia, el Gobernador salteño ha elegido corporizar esa perfidia insolidaria e inamistosa en la deteriorada figura de la expresidenta y vicepresidenta del país.

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